domingo, 19 de abril de 2020

Bitácora: Parte 1

Decidí iniciar psicoterapia. Ya había tomado sesiones psicológicas que me ayudaban a apagar mis incendios pero hasta ese momento no me había animado a comenzar un proceso largo y hasta en cierto punto agotador. Comencé mi búsqueda y pedí referencias a amigos con conocidos en el rubro, fue bastante fácil con la ayuda de ellos. No le conté a nadie por dos razones: la primera es que quería guardar para mi el proceso y la segunda es mi ego. El aparecía a decirme que había fallado en mi intento de mejorar mi lado emocional con ayuda de libros, pocas sesiones y diferentes técnicas sacadas de Google. Ese mismo ego no me permite mostrar mi vulnerabilidad ante mis personas importantes. Miedo a ser juzgada, a que vean inferior por mis cicatrices - algunas mal curadas - que mi enamorado decida terminar conmigo al dejar en evidencia que necesito ayuda para ganarle a mis demonios, no aceptar que hay más detrás de la chica que le encanta ayudar a los demás y estar sonriendo. Esos y muchos más pensamientos que sólo restan y el ego se encarga de poner a revolotear en mi cabeza y no hace más que dificultar mi camino que ya es retador.

La primera gran decisión que tomé fue quitarle el poder que tiene en mi vida. Callarlo, pisarlo, ignorarlo, reírme de sus argumentos tontos y lo haré hasta que llegue el día en que pueda jugar con él en algún número de clown. Lo que dice mi ego puede como no puede ser verdad, de hecho algunos de mis miedos se volvieron realidad pero ahora que pasaron, no son tan terribles como pensé. Lo principal que tenemos es uno mismo y la única forma de sentirte y vivir bien es amando cada una de tus luces y sombras. Lo demás, como el exterior, las personas, las cosas materiales no son la fuente de tu bienestar. A algunos, como a mi, se nos hace difícil amar nuestras sombras y buscamos afuera la aceptación que no nos regalamos nosotros mismos. Sin embargo, debemos interiorizar - o poner en un letrero gigante en el cuarto para recordarlo todos los días - que en la dualidad de las personas está lo especial de cada uno. Nuestras sombras no son tan malas como parecen, puede dar miedo / vergüenza aceptar alguna de ellas, por ejemplo aceptar que eres envidioso, o codicioso, o vengativo porque nos han enseñado que existen cosas positivas y negativas, y ahora está tan de moda repetir que ciertas cosas son "tóxicas". Sin embargo yo creo que algunas de las herramientas que tenemos han llegado a nosotros como una forma de sobrevivencia y protección, sólo hay que aprender a balancear, usarlas a nuestro favor procurando no hacerle daño a nadie y sobretodo dejarlas ir cuando ya no nos sirven más. Uno de mis peores errores ha sido permitir que etiqueten mis acciones como malas, tóxicas, negativas sólo porque alguien más - como acto de defenderse a si mismo - lo dijo y yo no hice más que creerle y se quedó grabado en alguna parte de mi inconsciente y así haya pasado mucho o poco tiempo, todavía hay días que de la nada, lo recuerdo. Recordemos que al final, todos somos espejo del otro y lo que tanto te enoja / molesta / fastidia de mi, es lo que tienes tú en tu interior. Por eso evitemos juzgar a los demás, encárgate de ti y deja a los demás encargarse de ellos.

Me emocioné y perdí en lo que estaba contando, retomaré el tema. El día de mi primera sesión, estuve con toda la apertura necesaria y fue increíble. De hecho en todas mis sesiones, mi racionalidad aparece en todo su esplendor - como dice mi psicóloga: "tienes veinte en teoría" - y para una persona emocional, como yo, se siente realmente fabuloso. Mi problema es llevarlo a la practica, hay días que lo logro pero tengo que esforzarme en ser muy consciente y termino con dolores de cabeza. Al finalizar me preguntó si estaba dispuesta a cambiar la filosofía de vida que tenía, deconstruir mi forma anterior de ver el mundo para volver a construir una que me permita lograr lo que busco en mi vida y luego de aceptar, inicié mi proceso de aterrizar en papel lo que quiero en la vida y quien quiero ser.

No sé a donde me lleve este nuevo camino pero siento que me está ayudando a sobrellevar algunos problemas. Si hace unos meses me contarían todo lo que ha cambiado y pasado en este último mes, de seguro que no las creía pero ha sido una oportunidad para poner en practica lo que en teoría sé. La he cagado y la seguiré cagando porque el manual de usuario de vida que me regalaron cuando nací está en chino y me cuesta entenderme pero mi lado dependiente y emocional se reduce poco a poco y eso es una buena señal, sé que hay más por mejorar pero me felicito por mis pequeños logros. He podido sonreír a pesar de que mi futuro se destruyo y ahora no me queda más que aferrarme a la frase "todo estará bien" y seguir dando lo mejor de mi, sea lo que sea que pase. Ahora entiendo que la vida no es todos los días de colores y nadie puede hacer nada para que sea lo contrario. De hecho, los momentos de felicidad son fugaces y el ideal que antes perseguía de "ser feliz todos los días" ha sido destruido porque ya no creo que sea algo sostenible en el tiempo. Sin embargo, en los momentos en que todo se pone en blanco y negro, en que aparentemente todo está mal, y viene una mala noticia, sobre otra y otra y sientes que no tienes el control de absolutamente nada, siempre tendrás el control de lo más importante para enfrentar estos ratos: Tus emociones, tus reacciones y tus decisiones. Nadie te podrá quitar el control sobre eso y es fundamental para que un momento negro se pueda ver, al menos, gris.

Estoy aprendiendo a vivir con mis días blanco y negro. Inclusive hoy es uno de esos días y no me queda más que recordar que sólo depende de mi como quiero que sea este día negro. Entrecierro los ojos un poco y hasta parece azul, como el mar.

"Todo mal pone bien,
sana del odio también." - SR

sábado, 18 de abril de 2020

Reinventando: Parte Final

“Tú me has hecho mejor, mejor de lo que era. 
Te entregaría mi voz, a cambio de una vida entera.
Tú me has hecho entender que aquí nada es eterno
pero tu piel y mi piel pueden detener el tiempo.”


- Llegaste, ¡por fin! ¿por qué demoraste tanto? – dijo Daniela mientras abría la puerta.
- Se me pasó el día volando preparando una sorpresa para nuestra cita. – dijo Pablo con tono de complicidad.
- Amor, habíamos quedado que el viaje era nuestro regalo. No se vale hacer trampa. Además, ya no es sorpresa si me dices que hay una sorpresa jajaja. – a pesar de lo que decía, ella también había preparado una sorpresa para él – ¿Qué tal me veo? ¿Bonita?
- Ay Dani, Dani, todos los días eres la más bonita, así te vea recién despertando y sí, es sorpresa porque aún no sabes lo que es. – y con esas palabras tomó su mano y la jaló para pegarla a su cuerpo. Rodeó sus abrazos en su cintura y se dieron un beso, de esos que te encienden el corazón – ¡Feliz aniversario bonita mía!
- ¡Feliz primer año! No puedo creer que haya pasado tan rápido este tiempo, parece que fue hace poco que te conocí.

***

- Hola, mi nombre es Daniela. Soy cantante de garaje y me siento muy nerviosa de estar aquí, frente a ustedes. Voy a cantar Belle, espero que les guste. 

Ese día cantó como si se encontraría en el estreno de la obra y se apoderó de la historia. Dejó de ser Daniela para convertirse en Belle y a pesar de caracterizarse por no tener mucha confianza en ella misma, ese día no fue así. Ella estaba convencida de que ingresaría, sólo tenía que convencer a un jurado de tres personas y lo logró, fue aceptada en el casting y pudo iniciar el taller en nivel intermedio. Al escuchar las palabras de aceptación, rompió a llorar porque sintió que estaba haciendo lo correcto en el lugar y momento indicado. La vida le sonreía y lo disfrutaba con cada parte de su ser. En ese momento no se imaginaba que una parte de su corazón se desbloquearía sin buscarlo.

- ¿Lloras por amor o por ego? - Esa pregunta interrumpió el viaje que estaba haciendo a su mundo. Volteo a mirar quien había preguntado y encontró a un chico de, aparentemente, su misma edad, no era mucho más alto que ella. Vestía un buzo y un polo, por lo que parecía ser parte del taller. Tenía expresión amable y graciosa al mismo tiempo. Lo miró a los ojos y fue como si el viaje no se habría detenido, sólo había cambiado de rumbo y el destino era desconocido.
- Lloro porque soy una llorona - Dijo entre risas.
- Jajaja, así que eres llorona. Disculpa mi atrevimiento, no me he presentado, soy Pablo y por lo que acabo de ver, seremos compañeros de taller. - se evidenciaba una especie de felicidad en las últimas palabras - Por cierto, la forma en que te dejas llevar con la música es increíble, ¿de qué escuela vienes?
- Un gusto Pablo. La verdad soy principiante en esto, sólo canto en un bar con la banda de un amigo pero nada más. - El viaje seguía y sólo se dejaba llevar. Tenía miedo, por ratos no lo quería mirar. Sus emociones estaban en flor de piel y no entendía porque la intimidaba tanto una persona que acababa de conocer.
- Interesante, tendrás que contarme más. Ya habrá tiempo. ¡Nos vemos Daniela!

Daniela se despidió sólo levantando la mano en señal de adiós y camino hacía su auto. Intentó varias veces a salir de la cochera pero le asustaba lo rápido que pasaban lo autos en la avenida. El último año la lista de miedos creció y se agregó el "manejar en Lima" a pesar que hacerlo era una cosa que solía disfrutar. Cuando iba a comenzar a desesperarse, apareció Pablo estacionándose detrás de ella, de una forma que le permitía salir sin problemas. Lo miró por el retrovisor y se preguntó: ¿qué tiene este chico que me provoca sonreír?. Logró salir de la cochera y él se estacionó unos segundos a su lado.

- Me debes una y creo que ya sé como me la voy a cobrar. - dijo riéndose y siguió su camino.

Llegó a casa, se baño y arregló unas cosas para el día siguiente. Se echó en la cama y con el celular en las manos volvió a repasar todo lo que había sucedido. De pronto, se encontraba en el buscador de Google escribiendo el nombre de ese Pablo que acababa de conocer. Cuando comenzaron a aparecer sus redes sociales, cerró el buscador y alejó el celular.

- No Daniela. No quiero tener el corazón roto otra vez. Te ilusionas, te conocen, se desilusionan. ¿Quién me asegura que esta vez sea diferente? ¿Quién puede ver el futuro para decirme si le gustarán mis cicatrices, mis miedos, mis noches de insomnio donde el pánico se apodera de mi cuerpo, mis malos ratos, mi malhumor, mis lágrimas que aparecen sin avisar y sin una razón que las justifique?.

***

Pablo se alejó un poco, manteniendo una de sus manos en el cuerpo de ella. Apagó las luces. se volvió a acercar a ella y le susurró al oído. 

- Te amo Dani, ¿me regalas otros 365 días, o mejor aún, me regalas una vida? 

Un ambiente de luz de luna envolvió a dos enamorados. Él sacó una pequeña caja de su bolsillo y su mirada estaba fija en los ojos de Daniela. Mientras ella lo miraba, volvía a sentir como si iniciara un nuevo viaje, con la diferencia que ahora no habían miedos, ni dudas, ni preguntas. El futuro, por primera vez, tenía un poco de certeza y era que también quería que Pablo le regale una vida de risas y juegos. La espera fue larga, hubieron años en que todo parecía ser días complicados, vaivenes de un ex amor, decepciones con amores fugaces, pero cada día fue un aprendizaje que le enseñó que cuando estas en el momento indicado, la vida fluye, sólo debes dejarte llevar y dejar de recordar.

- Siempre sí.

viernes, 3 de abril de 2020

Madrugada

Era la 1:00 am y Daniela decidió irse de la casa de Gustavo. No tenía ganas de dormir una noche más con él. El sexo no mejoraba a pesar de los intentos y ya estaban saliendo más de medio año con poca probabilidad de llegar a ser algo más. Un poco de orgullo combinado con decepción y flojera de la simple idea de volver a sufrir por alguien, la obligó a huir de allí.

Prendió su auto y comenzó a manejar sin destino, no tenía sueño para ir a casa. Era miércoles y recordó que Andrés a veces se quedaba ensayando hasta tarde. Decidió ir hacía el garaje donde ensayaban mientras lo llamaba insistentemente. A pesar que no contestaba el teléfono, no tenía mucho que perder ya que, por suerte, ese lugar quedaba camino a casa. 

Tocó la puerta y la cabeza de Andrés salió por una pequeña ventana con una sonrisa gigante. 

- Hey tu, ¿no podías dormir? - Dijo Andrés mientras abría la puerta para que Daniela pueda entrar.
- Andrés, ¿por qué? ¿por qué siempre me equivoco? - entró al garaje sin saludarlo y comenzó a buscar alguna botella de lo que sea en el frigobar.
- ¿Qué paso? - Preguntó sin mucha preocupación. Había escuchado muchas veces esa pregunta y siempre se trataba de lo mismo. Andrés la conocía desde que era "la futura esposa de Sebastián".
- Lo de siempre...

Los demás chicos de la banda se habían ido hace poco tiempo y Andrés se había tomado una cervezas de más. De ahí tomo el valor para decirle algo que había querido decirle hace varios años y no se atrevía por miedo a que ella mal entienda sus palabras. Ya había perdido a un amigo y no quería perderla también a ella.

- Dani, yo te conocí como la flaca de mi pata hace ¿quince años? y desde ese momento, has sido como una hermana para mi porque Sebas lo es, así él haya decidido alejarse de nosotros cuando terminaron. Tantos años han pasado y todavía no te das cuenta cual es el problema. Entonces, como soy tu amigo-hermano, me corresponde decirte lo que veo. El problema es que tienes un corazón noble que se entrega sin reparos y son muy pocas las personas que valoran eso y cuidan a los que tienen corazón como el tuyo. Estoy seguro que el tipo que hoy te está haciendo dudar de tu valor, luego será uno más y cuando eso pase y me llames porque te sientes triste, yo iré a tu casa y estaremos en tu terraza tomando una cervezas, riendo de tonterías mientras escuchamos The Beatles hasta que el alcohol haga efecto y el silencio me encuentre mirándote y sin pensar te diga que eres la mujer más hermosa que conozco y cuando digo hermosa no me refiero al físico, aunque sí, eres guapa, pero yo hablo de tu alma sin importar ese carácter de mierda que repites tanto tener que sé muy bien sólo sale cuando estas tratando de llamar la atención a quienes ni si quiera saben quererte como mereces porque no te conocen. Esos idiotas que por verte un día en clase, creen estar enamorados de ti. Pero ¿quién no podría enamorarse de ti si a simple vista eres fabulosa? Pero hay más allá, eso que pocos conocemos y quienes lo hacemos realmente te valoramos. Eso es lo que me jode, que tu no te des cuenta quien eres y hasta el día que no lo hagas cometerás el mismo error una y otra y otra y otra vez. La vida te está diciendo que abras los ojos. ¡Hazlo y no llores por favor!. Ahora, dime una cosa, ¿cuantas veces más tengo que decirte esto?, te juro que lo haré. Si me dices que tengo que decirlo 500 veces, lo repetiré 500 veces pero tendré la certeza que será la última y que por fin, luego de eso, no permitirás que nadie más dañe tu corazón. Necesito saber cuando terminará porque me duele verte así.

Daniela no esperaba que Andrés le diga esas cosas y no quiso responder. Sólo se acercó y lo abrazó mientras pensaba que el problema no era su corazón noble, el problema era que buscaba en todos un amor como el que tuvo con Sebastián y cada vez que no funcionaba con alguien más, sentía que cuando Sebas decidió irse, se fue con él toda opción de ser feliz en pareja y ese miedo con el pasar de los años se volvía más grande porque parecía real. No servía de nada que ella dé todo para que funcione con alguien nuevo, ni cuanto se adaptaba, ni cedía. Nadie la entendía, nadie la amaba de la forma que ella estaba acostumbrada.

sábado, 21 de marzo de 2020

Descontrol

Solía ser una persona que quería tener todo bajo control. Me gustaba planificar las cosas al más mínimo detalle y en mi afán de control, me entrometía en la vida de otros: Mi mejor amiga, el enamorado de turno y cualquier persona que me permitiese - en forma de consejo - poder controlar parte de su vida. Pero no me conformaba con eso, quería controlar hasta el futuro y ese lado de mi lo escondía porque no me hacía sentir orgullosa. Me costaba tanto dejarme llevar por las distintas situaciones que la vida te enfrenta y en el camino ir improvisando para no salirme tanto de lo que quiero para mi.

Conforme pasaron los años, se hacía más difícil tener las cosas bajo control y cada vez que algo no salía como esperaba, explotaba de enojo y nada ni nadie - ni si quiera yo - podía controlar esos momentos de descontrol. Cada vez los picos de ira fueron más seguidos, más intensos, más difícil de reponerme. Perdí el control de mi, del tiempo, de mis emociones, de la habilidad de tener soluciones cuando las cosas cambian. Se comenzó a salir todo de mis manos y tiempo seguía pasando mientras yo renegaba de mi mala suerte. Pero como todo tiene un límite, llegó el momento en que entendí que si no cambiaba el enfoque, la iba a pasar mal siempre y no sé aún cuanto durará mi siempre en esta vida, pero busco como mínimo pasarla bien. Entonces, decidí dejar de enfocarme en el resultado final y las circunstancias para trabajar en el proceso, en las acciones y mis reacciones hacía lo externo. 

Hoy la vida me regala la oportunidad de ser parte de un acontecimiento sui generis donde nadie tiene el control y a mis ojos es maravilloso. No voy a negar que me pone triste haber tenido que posponer por unos meses - espero que sean meses - los planes que tenía pero es ahora cuando pongo a prueba todo lo que he trabajado en mi y entiendo que así tenga todo arreglado, en sólo cuestión de horas pueden surgir cambios que alteran todo. Una cuarentena prácticamente mundial por algo invisible a vista de todos, me hace entender lo efímeros que son los planes y caigo en cuenta que a veces mis sentimientos por un futuro que no existe son tan fuertes que no me dejan disfrutar el presente. Hace sólo unas semanas sentía mucho miedo y esto hacía que las dudas rondaran por mi mente: ¿será que estoy tomando una mala decisión y luego tener que volver a comenzar sea difícil?. Ahora, con mucho más tiempo libre para darle vueltas a las cosas, estoy completamente segura de lo que haré en los siguientes meses y a pesar que es muy probable que aparecerán, otra vez, esas voces, he decidido ya no las escucharé porque confío en mis decisiones sobre todo.

Tengo el control de mi, de mis sueños, de mis acciones y reacciones, de lo que siento, de lo que creo y de todo lo que proviene de mi. Si acepto con buen ánimo y esperanza cuando las cosas no salen como las espero y me enfoco en encontrar la manera de lograr lo que quiero para mi, es porque entendí la lección. 

Confío en que todo se acomodará pronto, confío en que después de esto ninguno de nosotros será igual, seremos mucho mejores. Confío en que el descontrol y el caos es el momento perfecto para replantearnos las cosas y así volver al ruedo más fuertes. Confío en mi.

La respuesta ya la tengo, ¿y tu?

sábado, 14 de marzo de 2020

Me olvidé de mi

"No necesito una medalla para considerarme un tipo bueno. 
Porque si esa niñita me quiere, ¿qué tan malo puedo ser?"

***

Cuando tenía veinte años, vi por primera vez la película Ralph "El demoledor" y desde ese momento fue mi película favorita. Me sentí tan identificada con el protagonista que la veía una y otra vez para reafirmar que si una persona me quiere, no puedo ser una mala persona. Por alguna razón, que espero algún día comprender, hay ratos en que mi autoestima se va al tacho y me siento la peor persona. En esos momentos, comienzo a buscar, con desesperación, el amor que me falta en otras personas.

Alerta de spoiler. 

Contaré un poco de la película para ponerlos en contexto. Ralph es el malo de un videojuego, es quien rompe las ventanas y el objetivo del juego es reparar el edificio. Sin embargo, él no acepta la función que le tocó y decide esforzarse lo más que puede para ganar una medalla y así los demás lo quieran. Con el trascurrir de la película, todos notan que él es empático, preocupado por los demás, desinteresado y sólo quiere tener amigos. De esa manera, logra ganarse el amor de una niña que es quién le recuerda que si tiene el amor de alguien, no puede ser una mala persona. 

Yo me he sentido así desde que tengo memoria. Me he esforzado en buscar afuera lo que, a veces, no hay dentro. Hacer lo que los demás esperaban que haga y así se sientan orgullosos de mi. Ayudar a todas las personas que necesiten una mano. Tratar de ser una buena amiga, escuchar cuando debo escuchar y hacer reír cuando los veo llorar, aunque a veces terminaba llorando. Una vez una compañera del colegio me contó que sus papás se estaban separando y sólo atiné a abrazarla y llorar con ella. Usualmente me buscaban para ese tipo de cosas ya que mis padres se separaron cuando tenía seis años y las malas lenguas dicen que acepté la separación de buena manera - nadie se detuvo unos minutos a pensar que soy una persona muy hermética, que casi nunca hablo de mis sentimientos, y que cuando lo hago normalmente es porque perdí el control, y mi coraza es tan dura que hasta el día de hoy me cuesta romperla por completo - en ese momento decidí que no podía ser psicóloga porque de hecho me pondría a llorar con mis pacientes, si alguien me hubiera preguntado que quería ser "cuando fuera grande", me habría hecho un favor al decirme que estaba equivocada al pensar eso pero esa es otra historia. También recuerdo que siempre le hablaba a la persona con quién nadie quería hablar o jugar porque decían que no se bañaba o tenía piojos. Siempre apoyaba al que tenía menos posibilidades de ganar en una competencia porque quería hacerlo sentir que alguien, a parte de sus papás, confiaban en sus capacidades. Por alguna razón, me aferraba a los que creía que eran más débiles en mi afán de cuidarlos o hacerlos sentir parte cuando los demás los apartaban.

Me he metido a todos los voluntariados que han pasado por mis ojos. He hecho shows en asilos y orfanatos, he ido a leer cuentos a hospitales, he pintado casas, he enseñado matemáticas en colegios, he recolectado ropa para donar - pero deje de hacerlo cuando me enteré que gran parte de ella no llegaba a su destino - y, a pesar que suene trillado, he perdido la cuenta de todas las chocolatas por Navidad a las que me he apuntado. En la época en que era católica practicante solía pasarme el día en la iglesia buscando en que podía ayudar. 

Estuve rodeada de personas que no sumaban en lo que quiero para mi vida pero mantenía porque sentía que si yo no los quería o estaba ahí para ellos, ¿quién más los iba a querer? Tuve relaciones tóxicas con personas que pensaba que podía ayudarlos a cambiar y en ese camino se fueron rompiendo partes de mi que hasta el día de hoy, no logran recupersarse.

Saben la parte triste, es que me olvidé de mi. De ayudarme, de escucharme, de leerme un libro, de abrazarme, de aceptarme como acepto a los demás con defectos y virtudes, de darme una mano, de decir "no" cuando algo me hace daño, de ponerme delante de todo y todos, de amarme en mis días difíciles, esos en que me miro al espejo y recuerdo cada momento en que no me hice respetar o puse por encima de mi a los demás y no logro aún perdonarme. Cada falta de respeto que callé, cada comentario de personas que decían quererme pero me repetían que saco lo peor de la gente. En esos días, dejo de confiar en mi. Olvido por completo mi valor y busco en mi lista de contactos a alguien que pueda recordarme quien soy. Busco fuera las respuestas que están dentro, el amor, el mensaje de aliento, el "eres increíble" que siempre tiene que estar dentro de uno.

Pero la vida es sabia y te pone a cada persona con un propósito. Hace siete meses, me enamoré de un alma libre que apareció para enseñarme lo que significa el amor y hacerme entender que la prioridad siempre será uno mismo porque esa es la única manera de poder dar a los demás un amor sano, sin ataduras ni expectativas de retribución. No sé cuando tiempo se quede pero decido dejar ese miedo en el pasado para enfocarme en lo importante. Me hizo abrir los ojos y he comprendido que es momento de comprometerme conmigo. De darme cuenta que no está bien darse a los demás si no voy a estar para mi misma. Que no tiene ningún sentido ayudar si cuando regrese a casa voy a romper en llanto porque siento que soy mala persona sin razones que lo sustenten - ¿quién carajos me metió eso en la cabeza? - nada de lo que haga hacía afuera tiene sentido si primero no me cuido a mi.

La tarea no es sencilla, no es fácil cambiar luego de vivir toda una vida de una manera pero he podido hacer muchos cambios en mi vida en los últimos tres años y por eso veo el futuro con optimismo. Desde hoy, mi dedicaré en trabajar en sembrar buenas cosas dentro de mi, en tener pensamientos positivos, en mirarme con los mismos ojos que veo a los demás cuando se equivocan y les digo "tranqui, que no pasa nada". 

Alguna vez dije que esto y hoy lo repito para no olvidarlo: 
"El amor no se busca, ni se encuentra. Somos amor". 
Entonces, comencemos por amarnos a nosotros mismos.

martes, 25 de febrero de 2020

Redes desenfuchadas

Apaga tus redes sociales, desactívalas por un momento. Olvida las publicaciones, las fotos, las enseñanzas, los puntos de vista, las frustraciones e indignaciones que compartiste. Desconéctate del teléfono. Deja de medirte en cantidad de likes, de conversaciones pendientes y visitas a tu perfil. 

¿Qué hay más allá de lo que veo cuando pongo tu nombre en el buscador? 
¿Qué encontraré si te escribo un mensaje y te invito a tomar algo?
¿Te asemejas, al menos un poco, a lo que quieres vender?
¿Qué careta te compraste para encajar?
¿Qué hay detrás de los filtros?
¿Qué queda de ti?


Veo mucha gente intentando encontrar su felicidad y realmente me llena de esperanza porque mi mantra de vida es que hemos nacido para ser felices. Tal vez la felicidad está en ser conocido o en tener una familia numerosa o viajar por todo el mundo o leer un libro por mes o en comer rico el fin de semana. 

La felicidad es abstracta y al mismo tiempo simple. 
La felicidad no es para mi, la misma que para ti. 

Sin embargo, a veces me queda la duda si lo que la gente hace es porque realmente quieren ser felices o porque quieren tomarse una foto de felicidad.

lunes, 10 de febrero de 2020

Dale play a mi canción

Buon giorno principessa, es la primera canción que escuchó al despertar.

Aprendí a tocar piano cuando tenía siete años. Las cosas en casa no andaban bien, para variar,  y creo que aprender a leer partituras fue el mejor regalo que pudieron hacerme. Desde ese día una canción es mi refugio, mi lugar seguro, donde ningún sentimiento es más grande que yo, ni me domina. Ni la ira, ni la tristeza, ni la sobredosis de sonrisas. 

La música es sentir y ser libre. En los días de melancolía es buscar en ella el lado hermoso de las cosas y en los días de alegría, recordar con nostalgia lo fugaces que son los momentos. La música me conmueve y me conecta con la inocencia de una niña que soñaba con pertenecer a una banda y recorrer el mundo haciendo lo que le apasionaba. Ella, que mientras tocaba Canon con los audífonos puestos, deseaba que llegue pronto el día en que esté sobre un escenario y regale pedazos de si con cada nota que hacía sonar. 

Con los años y algunos daños, me pelee con ese lado de mi. Lo desconecté y decidí darle más importancia a cosas que si ahora las exteriorizo, podría concluir en que realmente perdí la cabeza. Así que en lugar de juzgarme, sólo diré que por algunos años perdí de vista el camino para que al regresar no existan dudas. Hoy, creo que no podría tocar ni el Himno de la Alegría, que es la primera canción que aprendí, y por ese miedo no me animo ni si quiera a ver una partitura en línea y tararear la melodía en mi cabeza. Hay todavía un pequeño sentimiento de haber fallado como cuando cumplí 25 años y algo pasó que al soplar las velas en lugar de pedir un deseo, me pregunté: "¿eres la mujer que soñabas cuando eras niña?" y la respuesta fue que no. Que mis sueños se perdieron en algún lugar y ni si quiera tuve el valor de luchar por ellos. De decir que no quería ser lo que querían que sea. De tomar mi vida y hacerme cargo con lo poco que tenía. ¿Será que hoy es demasiado tarde? ¿Será que algún día me animaré? ¿Será que si algún día la vida me regala una vida más podré tocarle para que entre en calma como lo hacía con mi hermana? ¿Será que mi ego me permitirá inscribirme en una clase y comenzar de nuevo si es que hace falta? ¿Será que...?

A pesar que la respuesta hace cuatro años fue que no y a pesar que hoy lo único que toque son timbres. Siento que poco a poco voy siendo la mujer que soñaba de niña y eso por ahora me basta. Los sueños volvieron, las ganas de fantasear con el futuro mientras manejo hacía el trabajo, tal vez los sueños no son los mismos de antes pero tengo la seguridad que esta vez no pararé hasta tener lo que quiero. Podrá sonar medio tonto pero cuando tengo miedo, me obligo a recordar como era antes cuando soñaba en grande sin miedo, sin reparos, sin juicios. Veo un vídeo de un cumpleaños en que la determinación en mi era tan sólida que no hago más que alimentarla para cada día ser más firme y realizar con convicción cada cosa que decido.

Seré siempre una persona emocional, que no le asusta transitar por mil emociones en cuestión de segundos, como ahora que mientras escribo lágrimas caen de mis ojos y al mismo tiempo sonrío, y por otro lado pienso que debería desempolvar el viejo órgano que tengo en la última repisa de mi ropero y un lado más pequeño anda reclamándome que prendí la laptop para trabajar y entré aquí sólo a publicar lo que escribí ayer. Es que si tendría que comparar mi forma de sentir con algo, diría que es igual a escuchar una sonata y dejarte conquistar por su melodía. Sin pensar, sólo dejándose llevar por cada nota sin importar si sabes distinguir el tiempo entre una corchea o una redonda. A veces ser como soy puede asustar, puede parecer que es demasiado pero no lo es. Hay días en que es necesario. Para los otros, dejemos que la determinación se encargue de que las cosas sucedan.

Ah, y no te dejes confundir por el dibujo que llevo en mi muñeca que lejos de ser moda es un recordatorio que hay días en que la vida está en clave de Fa y otros en Sol y el balance entre ellas es lo que te hace amar estar vivo.