domingo, 7 de junio de 2026

Para leer en los días de lluvia

Si sientes que ha llovido mucho en tu vida últimamente, quiero pedirte que, por un instante, intentes imaginar todas las flores que crecerán gracias a ello.

Lo sé. Pedirte que creas en flores cuando el cielo lleva tanto tiempo gris no es fácil. Incluso podría sentirse injusto y no quiero ser esa voz que te repita una vez más que "todo estará bien" cuando todo a tu alrededor duele debido a una lluvia que llegó sin previo aviso, arrasando con planes, sueños, certezas y hasta una versión de ti.

Tampoco voy a prometerte que el frío desaparecerá de repente, ni que mañana despertarás sintiéndote mejor solo por adoptar una postura optimista. Pero sí quiero que recuerdes que la esperanza podría regalarte una sonrisa, incluso cuando te sientes mojada hasta los pies.

Y, sobre todo, recuerda que hay algo que la lluvia siempre hace, aunque no lo veamos de inmediato: prepara la tierra.

Sí, debajo de la superficie están ocurriendo cosas invisibles. Las raíces se fortalecen. La tierra se vuelve fértil. Las semillas que parecían dormidas comienzan a transformarse. Es que el crecimiento rara vez es tan visible como el dolor.

El dolor es ruidoso. Se siente. Interrumpe. Nos despierta en mitad de la noche y se mete entre los sueños. Nos acompaña durante el día y nos hace preguntarnos cuánto tiempo más se quedará.

El crecimiento, en cambio, trabaja en silencio. No te pide atención. Avanza despacio. Por eso, muchas veces creemos estar estancados cuando, en realidad, nos estamos transformando.

Entonces, lo que sí te prometo es que, cuando la lluvia deje de caer y los días grises terminen, tu corazón sentirá nuevamente calma. Y, si te permitiste atravesar la tormenta en lugar de huir de ella, será una calma que te habrá fortalecido.

Y sabrás que, si algún día vuelven las tormentas, los truenos o los huracanes, contarás con las herramientas necesarias para utilizar cada gota, cada rayo y cada ráfaga de viento para hacer más fértil tu tierra, donde florecerán flores aún más bellas.

Por eso hoy solo te pido que confíes y recuerdes que, antes de que exista una flor, tuvo que existir una semilla rompiéndose bajo la tierra.

Y entonces comprenderás algo que quizá hoy todavía no puedes ver.

Las flores no crecen después de la tormenta.
Crecen dentro de ti.