El 14 de agosto del 2009 nació este blog: Limeña Pizpireta. Creo que nunca les conté por qué escogí este nombre, así que aprovecharé para contarles ese dato curioso sobre mí.
Siempre que he pensado en qué personaje me gustaría ser, escogía una tapada limeña. Me encanta el misterio detrás de una mujer a la que sólo le puedes ver un ojo, y que, para reconocerla, tienes que mirarla detenidamente: distinguir su forma de caminar, el tono de su voz o el brillo del único ojo que permite ver.
Ese misterio se mezcla con “pizpireta”, una palabra que describe a alguien vivaz, alegre y con una vibra coqueta. Y justamente esa mezcla es algo que he amado siempre de la vida: los contrastes, la dualidad, la ambivalencia de las cosas y la forma en que los opuestos pueden coexistir y relacionarse. Porque, en realidad, ¿cómo podría existir uno sin el otro?
Como siempre, estoy yéndome por las ramas, así que regreso a lo que les quería contar.
Hace diecisiete años escribí mi primera publicación, titulada "Agosto". Un escrito que nació cuando me rompieron el corazón por primera vez. Yo, como buena librana, siempre he evolucionado a través de los vínculos. Créanme si les digo que vincularme es parte de mi esencia y que, aunque intente evitarlo, tengo un vínculo cercano hasta con la soledad.
Pero hace poco, hace sólo unas semanas, entendí lo que la vida me venía gritando desde hace años: aprender a reconocer cuándo llegó el final de un ciclo. Sí, eso de lo que tanto he hablado: Soltar y dejar ir. Entonces, luego de tantos años compartiendo mis aprendizajes, reflexiones e historias que me invento cuando me dejo llevar por mis pensamientos, he decidido dejar de hacerlo.
Siempre me he caracterizado por ser un libro abierto. Si quieres conocer mi historia es tan simple como invitarme un café y hacer las preguntas adecuadas, o leer este blog, en muchos de estos escritos encontrarás partes de mí. Pero hoy, ya no quiero ser un libro abierto. Mi mundo interior necesita tener una puerta y dejar de estar disponible para que todos puedan verlo.
Los últimos diecinueve meses los he dedicado a mirar hacia adentro, y probablemente continúe en este viaje introspectivo hasta que sienta que fue suficiente. Por ahora he descubierto dos cosas. La primera: quién realmente soy, bajándole el volumen a esa voz que llevaba años susurrándome al oído que, si yo cambiaba, si “arreglaba” mis “defectos”, mi recompensa sería encontrar a mi príncipe azul y que, desde ese día, comenzaría a vivir la vida que soñé y una mágica historia de amor. La segunda: que mi mundo interior es precioso y sobre todo sensible y, por eso, tengo que aprender a cuidarlo.
Entonces paso por aquí, por última vez, sólo para agradecer a este espacio que fue mi refugio durante los últimos diecisiete años. Lo escribo y pienso: "Wow, es exactamente la mitad de mi vida". Este lugar me ha visto crecer, armarme y desarmarme. Cuestionarme la vida. Intentar desenredar los plot twists que se inventa mi guionista para sacarles algún aprendizaje, y entender que la vida te pone la misma lección una y otra vez hasta que aprendes.
Sí, repites el curso hasta que lo pasas.
Y, como no podía ser de otra manera, quiero despedirme dejándoles quizá la última lección que quiero compartir por aquí:
"No hagas cosas buenas que parezcan malas, ni malas que parezcan buenas."
Todo lo que haces habla de ti. Está de más decir que tus acciones pesan muchísimo más que tus palabras, y hay una trampa en la que es fácil caer para disfrazar nuestras decisiones y quitarnos la responsabilidad con un simple “es que pasó de la nada”. Y disculpa si soy yo la que les pincha el globo, pero nada pasa “de la nada”. Ha habido una serie de decisiones previas que te han llevado al punto en el que estás. Te dejo la pelota ahí, rebotando.
Para terminar, si hoy pudiera tomarme un café con la chica que comenzó este blog a los diecisiete años, le diría que me siento sumamente orgullosa de ella. De la valentía que tuvo para ser quien es sin importarle las opiniones ajenas. Ella empezó este blog para compartir su camino, con la esperanza de que sus palabras resonaran con alguien y que esa persona se sintiera acompañada, y creo que eso sí se cumplió.
También le diría que cada tanto regreso a sus escritos para recordar sus reflexiones. Me sorprende descubrir cuánta sabiduría había en ella; lamentablemente, le tomó varios años dejar de ser tan exigente consigo misma. Si pudiera verse como yo la veo hoy, creo que se sorprendería. Y le diría algo más que creo que no me creería, que después de tanto tiempo dejamos de buscar al príncipe azul y por fin entendimos que la mágica historia de amor la estamos viviendo desde hace rato.
Porque el amor nos rodea,
porque somos amor en esencia.
Dicho esto, me despido deseándoles toda la valentía para vivir la vida que les venga en gana.