sábado, 31 de enero de 2026

Viviendo una comedia romántica: Parte I

Estaba sentada en la orilla del mar, mirando las olas ir y venir, mientras respondía preguntas en mi mente que surgían a la misma velocidad de las olas.

- No es mala la soledad cuando estás lo suficientemente loca para preguntarte, responderte y sorprenderte de la respuesta - me decía mientras sonreía.

Pensaba y me reía de mí misma mientras cruzaban por mi mente algunas tonterías. Pocas personas entienden lo cómoda que me siento con mi soledad. Lo mucho que disfruto el silencio. Esa libertad de llorar y reír al mismo tiempo es algo que sólo puedo permitirme cuando estoy sola. Curar un corazón roto también. O eso creía.

A la vida le encanta hacerme cambiar los planes.

De pronto lo vi. Habían pasado más de diez años desde aquel verano en el que me vio subirme a una mesa, bailar como si nadie me mirara, y decidió subirse también.

***
Sábado 01 de febrero, 2014

Gonzalo se acercó a la amiga que - literalmente - había obligado a Daniela a salir de casa cuando ella sólo tenía ganas de seguir viendo otra comedia romántica de los noventa, mientras se comía una bolsa de papas onda. Él tenía una chela helada en la mano, una mirada acechadora y toda la seguridad que sientes cuando tienes veinte, y un Volkswagen negro esperando afuera para conocer a la conquista del día.

De fondo sonaba Coldplay. Era una fiesta llena de veinteañeros que se creían cool porque escuchan rock y música en inglés.

“Lights will guide you home
And ignite your bones
And I will try to fix you.”

-¿Quién es ella?
- Ella es Daniela. ¿Quieres que te la presente?
- ¿Tú qué crees? - dijo con esa voz seductora de protagonista de comedia noventera.

Ese día fue cuando Daniela lo conoció. Y si en ese momento alguien le hubiera contado que, diez años después, volvería a encontrárselo en una playa; que meses más tarde se mudarían a vivir juntos y, con el tiempo, se casarían… no lo habría creído.

- Dani, te presento a Gonzalo. Él también va a nuestra U, pero está en otra facu.
- Hola, Gonzalo. Un gusto.
- El gusto es mío.

Silencio incómodo.

- Los dejo para que se conozcan - dijo Gabriela antes de irse a bailar a otro lado.

El silencio se volvió pesado para dos completos desconocidos.

- Y… ¿cómo llegaste a esta fiesta?
- Un amigo me pasó la voz. No tenía planes y, bueno, aquí estoy.
- Ya…
- ¿Y tú? ¿Cómo llegaste?
- Una amiga me pasó la voz, pero no me dio opción de decirle que no. Hoy estoy más pesada que otros días, así que no hay problema si te vas a conversar con alguien más.
- Quiero conversar contigo.
- Ah… eres de los gileritos.
- Solo con las que me gustan.
- Esos son justo los que me caen mal…


Daniela terminó esa frase lo más cerca que pudo de Gonzalo. Se había vuelto una descarada luego de pasar los últimos años en una relación con muchas idas y venidas. Cada vez que conocía a alguien nuevo, pensaba: ¿Qué puedo perder?, y se lanzaba a hacer lo que a su corazón se le antojaba.

- Se nota que te caigo muy mal.

Daniela le lanzó una sonrisa, se alejó un poco y tomó su mano para llevarlo a la zona donde los demás estaban bailando. De pronto sonó Are you gonna be my girl y fue como si el desgano se le hubiera ido del cuerpo. Salió esa versión divertida suya, esa de la que todos, si la ven por más de cinco minutos, terminan enamorándose.

Daniela se movía al ritmo de la música y cada cierto rato, tomaba un sorbo de la chela de Gonzalo. Claramente estaba coqueteándole. En medio de la canción decidió subirse a la mesa, llamando la atención de todos. Gonzalo, después de pensar que ella era de las locas capaces de hacerte perder la cabeza, se subió también. 

Terminó la canción. Bajaron de un salto de la mesa. Sus miradas se cruzaron y desapareció todo lo que había al rededor. Esa noche, Daniela conoció el Volkswagen negro y su cuerpo volvió a vibrar.

El sonido de la lluvia golpeando la ventana. Un cuarto que, a pesar de estar completamente a oscuras, dejaba entrar la luz de la luna sin pedir permiso, permitiendo ver dos cuerpos enlazarse con suavidad.

El fuego que había estado apagado comenzaba, lentamente, a arder otra vez. Daniela todavía no lo sabía, pero esa historia apenas estaba empezando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario