viernes, 1 de mayo de 2015

Sin redes

Hace más de dos meses que aprendo día a día a vivir sin escribir una publicación o tomar una foto de "buenos días" o hacer un tweet sobre mi reporte del tráfico; y me he dado cuenta que muchos de mis cyber-amigos, esos que escriben casi todo el día en redes, se alejaron cuando no fue tan fácil encontrarme. Una grata sorpresa fue recibir llamadas de personas, algunas de las cuales no imaginaba que seguían mis publicaciones, preguntando si todo estaba bien e insistiendo que debía regresar para "alegrarles el día" (lo pongo entre comillas porque soy un poco incrédula).

Estos días han servido para ver las cosas de manera distinta. Logré entender que es mejor mantener una conversación mirando a los ojos al receptor sin estar pendiente si el celular vibra o sin que alguna notificación te desconcentre, sin tener que mirar hacía abajo y al final iniciar una conversación con personas que no están en la sala. Sinceramente, por algo no están, ¿no creen?. Entendí que no existe mejor foto que la tomada con nuestros ojos y que los atardeceres son para vivirlos, no para postearlos en Facebook. Me di cuenta que no necesitas una publicación describiendo lo especial que eres y el gran cariño que te tienen cuando pueden ir a visitarte a casa con la excusa de gorrearte algunas cervezas, o invitarlas, y así demostrar lo valioso que es pasar tiempo a tu lado. Porque para lograr una gran cena no es un requisito indispensable tomar una foto del plato que estas por comer, si no mirar el rostro de la persona con quien compartes ese plato. Comprendí que las mejores sonrisas las regalas en espontáneo y la más divertidas visitas no son las que haces check in porque te sientes tan genial que el tiempo se pasa más rápido de lo normal y ya no recuerdas que debes buscar en el explorador la ubicación de donde te encuentras. Por último, entendí que la belleza no se mide por la cantidad de likes que tienes en una foto o por la lista de comentarios repitiendo lo "linda que estás".

Ahora prefiero una llamada que a un mensaje con muchos corazones, prefiero ver las muecas raras de cada uno que mirar hacía una pantalla y me gusta esperar a que me cuentes tu día en vez de saberlo porque lo posteas para todo el cibermundo. Porque la felicidad no fue creada para ser publicada, si no tienes que vivirla.

viernes, 24 de abril de 2015

Jueves

Me miro y dijo "¿esa no era tu canción?". Lo único que quería era retroceder el tiempo o dejar de ser tan yo y decir cualquier huevada. Sin embargo, como nunca me quedo callada, dije que si, que era mi canción y tenga cuidado de involucrarse mucho conmigo porque hace mucho que no tomo a nadie en serio. 

"Ya lo he intentado contigo dos veces, no tienes nada que advertirme. Me armas y deasarmas como ninguna otra y aún así sigo aquí dándote el poder de destruirme, otra vez. No pongamosle etiquetas pero sabes que sigues siendo mi chica, la que da vueltas en mi cabeza y huye de mi cuando siente que voy a decir que te amo."

viernes, 27 de marzo de 2015

Un manual de cambios

Desearía que algunas cosas no hubieran cambiado. Por ejemplo, que mi vecina deje de hacer marcianos de maracuyá o que el señor de la panadería decida olvidarse la receta del pan karioka o quedarme sin 40 centímetros de cabello o que mi línea favorita de buses cambie su ruta y ahora deba utilizar varios buses para ir al mismo destino o que me cambien al profesor en el último ciclo de la universidad cuando lo único que quería es que se acabe ya y no me jodan más o que el chef de mi restaurante favorito renuncie y abra su propio negocio a más de 12 kilómetros de casa o que ya no seamos un pack, donde tu eres la hamburguesa y yo las papas fritas, o que mi bar favorito elimine la promoción de 2 cervezas por 10 soles. 

Quizás debería comenzar a entender lo fugaces que son los momentos para disfrutar al máximo el día a día y comer un sándwich de pollo deshilachado como si fuera el último que comeré, sin importar si engorda o no. Debo comprender que muchas de las cosas que hoy están, es probable que mañana ya no. Mañana sólo me quedará la nostalgia de lo que fue, pondré mi típica cara de tonta que dice sin palabras lo triste que me siento y tal vez, sólo en algunos casos, una lágrima se asomará a alguno de mis ojos y diré: "que bonito era todo antes", sin importar si poco antes me haya burlado de mi poca suerte de conseguir bonitos momentos.

No debimos crecer. Deberíamos seguir jugando play en mi mueble por horas y horas, cuando lo único importante era pasar el siguiente nivel y subir el volumen al máximo para dejarnos llevar por el feeling del juego. Deberíamos seguir con todas nuestras tradiciones, como la de almorzar arroz chaufa todos los sábados saliendo de la universidad, yo de pollo y tu de chancho, o de dormir juntos los viernes mientras intentamos acabar por enésima vez esa película que nos hace reír los primeros 15 minutos, de que te tarde 2 horas llegar a mi casa y quieras perder esas horas de tu día con tal de verme, de que quieras verme sonreír día y noche, de que quieras verme, sólo verme. Debí poder quedarme en ese trabajo y no haber tenido 6 distintos, debió mi hermana dejar de crecer hace mucho tiempo y seguir siendo una niña que sólo me llenaba de abrazos y dulces con la poca propina que recibía. Debería seguir siendo amiga de la chica con quien compartía carpeta todos los días en el colegio y seguir comiendo un Bebe de chicha como solía hacer. Debería seguir teniendo tardes en que toques la guitarra mientras yo canto o me quede dormida mientras te escucho cantar. Deberían volver los cigarros en el parque de la vuelta, combinado con risas y chismes. Debería volver a salir a bailar, volver a hacerlo encima de una mesa o en el piso del pasillo de paredes negras. Debería volver a sentir que no tengo la obligación de besarte cuando estamos juntos si no que quiero hacerlo. 

¿Debería dejar de decir cosas que "debería"?

miércoles, 18 de marzo de 2015

Apagón

Otro apagón en el barrio y esta vez si le iba a pedir a mama que me deje salir a jugar a las escondidas con los demás. Nunca entendía porque debía llegar siempre a las 08:00 pm, a veces pensaba que era porque teníamos que cenar todos juntos y tener nuestro momento del día en familia, pero cuando me encontraba sola en la mesa era cuando iniciaban mis dudas. De esas que siempre dan vueltas en mi cabeza y muy pocas veces las repito con voz. Sin embargo, siempre concluía que era sólo por molestar y porque sabían que era la más fácil de controlar ya que mi hermana desde muy pequeña siempre regreso a casa a la hora que se le hacía más fácil. No se si fue porque mis papas andaban cansados de hacer criado a una hija o fue el carácter indomable de mi hermana que ganaba sobre las reglas. En ese momento no tenía tiempo para inventar excusas, sólo sabía que eran las 08:30 pm, ya habíamos cenado y estaba vez le pediría a mama para salir a jugar a las escondidas. Pero, ¿como lo haría? Insistir nunca funcionaba y menos poner voz de niña tonta y engreída. Necesitaba una forma de poder salir a jugar, no importaba si no se daban cuenta, ya mañana era otro día. 
Cuando de pronto se me ocurrió la mejor idea...

- Mamá, ¿jugamos a las escondidas?

domingo, 25 de enero de 2015

Un minuto de felicidad

Una vez más pedí la llave de un hotel con otro.

Mantenía una relación sin títulos con un viejo amor, con la esperanza de recuperar lo perdido o llenar un espacio vacío con el capricho de que somos el uno para el otro. Se suponía que viajaríamos el fin de semana y lo gastaríamos amándonos a puerta cerradas y sin testigos, riendo para nosotros y creyendo que el tiempo no ha pasado. Sin embargo días antes peleamos, para variar, entonces el decidió que era más importante hacer otros pendientes, por ejemplo salir con su primo a tomar por el malecón de Barranco; y yo, decidí quedarme en casa, sola.

El sábado, sonó mi teléfono al rededor de las once de la noche, justo cuando todo apuntaba a que lograría lo que me había propuesto. Estar sola en casa viendo una película, comiendo, tal vez abrir una botella de vino o dormir hasta el domingo al mediodía.

- ¿Vas o no vas?

- Voy.


Paso a recogerme a casa y al abrir la puerta del auto, me recibió con una gran sonrisa en los labios y me dio un tímido beso junto a una bolsa de mis caramelos favoritos que ya estaba abierta. Es que nunca aguantaba las ganas de comer unos antes de verme. Le devolví la sonrisa y acaricie su rostro como señal de agradecimiento y fuimos a pasar un buen rato.

- Te ves mucho más bonita sin maquillaje.

- Todas nos maquillamos para salir a bailar.
- Lo sé, pero tu no lo necesitas.


Le gustaba llenarme de halagos. A mi me ponía nerviosa ya que hacía muchos meses que no sentía que alguien se esforzaba porque mi interés esté con el. Llegamos a nuestro destino y bailamos de inicio a fin, eran muchos meses que no nos veíamos así que debíamos actualizar los "nuevos pasos" que cada uno tenía. Además, era tradición decir "esta ronda la pongo yo" y así pasar toda la noche, entre tragos, risas y pasos de baile ridículos. Luego de visitar 2 bares y 1 discoteca, decidimos que el amanecer debía encontrarnos en otro lugar. Caminamos hasta encontrar un hotel con cuartos disponibles, empujándonos, tambaleando, cogiéndonos de las manos para no caer y la gente que estaba alrededor no note que estábamos lo suficientemente ebrios como para ser un milagro seguir estando de pie. Llegamos y dormimos juntos, porque no le permitiría más que eso, lo tenía entendido.

No podía dormir, no sabía si era por la tristeza de darme cuenta que perdía el tiempo con alguien que ponía todo delante de mi y, como si no fuera suficiente, le decía a todos que ya no éramos pareja cuando colgaba alguna foto en las redes sociales. Éramos sólo un "remember" constante, casi de todos los días. Tal vez sentía tristeza de mi, de darme cuenta que para mantenerlo a mi lado me estaba convirtiendo en una versión que desconocía. No puedo explicar la verdadera razón, sólo no podía dormir así que busque mi encendedor y prendí un cigarrillo mientras miraba el mar por la terraza. No quería pensar en nada, sólo necesitaba escuchar las olas romper en las piedras unas y otra vez. Bastaron unos minutos para que él aparezca detrás de mi, abrazándome por la cintura y susurrando.

- ¿Quieres ser mi enamorada? Quiero que lo seas.

Sólo atinaba a sonreír...

- ¿Que más debo hacer para que te des cuenta que son años los que quiero estar a tu lado? Porque quiero que seas tu, con tus risas y lisuras, sólo quiero que seas tu.

Éramos el y yo, en la terraza, mirando el mar y como salía el sol poco a poco mientras el besaba mis dedos, mis manos, mis brazos, mis hombros, mi corazón, mi alma. Fueron unos minutos de felicidad, hasta que termine el cigarrillo.

- Deberíamos dormir.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Complicándome los días: Parte 2 - De Fiesta

"Algunas personas sostienen como verdad el dicho "El que calla, otorga". Sin embargo, esa noche comprobé lo equivocada que está esa frase. No dijimos nada y eso no significó que uno aceptara como verdad lo que el otro dijo; simplemente nos cansamos de explicar por qué éramos todo y al mismo tiempo nada. Lo más fácil era quedarnos callados, sonriendo en complicidad, conscientes de lo incorrecto que era lo que hacíamos y de lo bien que se sentía ser los malos del cuento. Nuestros únicos testigos eran un barman y unas botellas de cervezas vacías. Tú y yo sabemos lo que es conectar más allá de lo físico, sin necesidad de contacto ni palabras.

El silencio no habló mejor que las palabras; sólo mostró que estábamos lo suficientemente hartos como para seguir dándole vueltas a nuestros problemas. Así fue esa noche, una inusual noche de sábado. Una noche que estuve esperando por años porque creía que sería la forma perfecta de ganar. A pesar de que finalmente ninguno de los dos ganó, puedo asegurar que fue increíble perder contigo." 

***
Abril, 2011

Daniela tiene veinte años y se encuentra en el tercer año de Psicología. La razón oficial para estudiar esa carrera es ayudar a quienes han vivido situaciones traumáticas; la razón extraoficial es entender por qué su cerebro funciona como lo hace. Nunca se peina porque le dijeron que se veía más bonita con el cabello alborotado y suele confiar más en las opiniones ajenas que en las suyas. Desde entonces ha dejado de alisarse los rizos rebeldes que heredó de su mamá. Colecciona libros viejos, especialmente de filosofía, monedas de otros países, empaques de Pringles y usa como adorno de llavero los abre-fácil de las latas de cerveza. Le gusta el color verde sin embargo su cuarto es de color rosa y viste de negro, no por moda sólo que cree que el negro la hace ver más ruda de lo que en realidad es. 

Disfruta ir a bares y pedir una cerveza bien helada. Tiene un par de kilos que quisiera eliminar pero los alimenta cada fin de semana con hamburguesas y salchipapas que venden en la esquina de su casa. Hace dos meses cumplió tres años de relación con Nicolás, un chico que conoce desde la infancia, lo que hace que funcione fácil la dinámica entre ellos, ya que él es, después de sus padres, la persona que mejor la conoce. Nicolás es un tipo guapo y divertido, y es también su mejor amigo. Estudia Ingeniería Industrial, y tiene todas las cualidades que cualquier padre buscaría para su hija.

Nicolás, Daniela y Santiago han crecido juntos. Sus padres se conocieron de casualidad en el club y se hicieron inseparables. Ellos han compartido desde risas hasta momentos familiares complejos. Nicolás ha sido testigo de los esfuerzos de sus padres y de Santiago y Daniela por construir una familia feliz, lo que lo convierte en una parte esencial de su vida. Por eso, cuando ella evoca recuerdos, siente un nudo en el estómago al darse cuenta de cuántos de esos momentos incluyen a Nicolás y la idea de que él en algún momento pueda mirarla de manera diferente la asusta; le aterra pensar en un futuro en el que su amor se rompa y él ya no esté a su lado.

Hoy, Daniela despertó muy temprano. Fue a jugar vóley en el club con Santiago y Nicolás, y luego de eso almorzaron juntos en su restaurante favorito. Su relación está llena de tradiciones, que consideran es lo más preciado que tienen. Comparten almuerzos para probar varios platos, leen libros juntos en el mismo café desde que tienen quince, y tienen "los miércoles de chistes monses", donde se cuentan chistes y el que cuenta los peores invita un yogurt helado con fruta. Nicolás la ha dejado ganar varias veces, ya que no puede evitar reírse al escucharla, a pesar de que él tiene un gran sentido del humor y ella es sólo recita chistes sacados de internet. Sin embargo, los dos coinciden en que la mejor tradición que tienen es que están locos el uno por el otro.

Después de un sábado divertido, Daniela se lanzó en la cama, encendió la laptop para revisar algunos temas pendientes y sintió una extraña necesidad de cambiar de "bar favorito". Decir todas las noches: "Juan, dame lo de siempre", dejó de tener encanto. A pesar de que Juan muchas veces le vendía la chela a 10 soles, le permite fumar sin problema y, cuando Daniela está con suerte, le regala caramelos masticables para acompañar los cigarros. Hacía todo esto por cariño, o eso cree ella ya que no necesita usar su sonrisa combinada con el movimiento de cabeza, tan típico cada vez que quiere que alguien haga algo por ella. Aburrida de lo mismo, decidió romper la rutina y salir en busca de nuevas aventuras. Esa noche iba a explorar nuevos bares, conocer nuevos barmans, tal vez y con un poco de suerte, hacer nuevos amigos.

Mientras reflexionaba sobre si realmente era necesario salir, si ese deseo de romper la rutina era tan fuerte como para no mirar los pendientes de la universidad, ni leer sobre la teoría de Freud. Sería una noche en que no se enfocaría en los deberes, sino se dedicaría a fluir. Sus pensamientos fueron interrumpidos por Santiago que entró al cuarto de Daniela, cuando vio que se arreglaba.

- Dani, ¿vas a salir esta noche?
- Sí, tengo ganas de ir a un bar. Mejor dicho, ¡a un nuevo bar! - exclamó Daniela con emoción.
- ¿Me llevas?
- ¿Por qué llevaría a mi hermanito? - Daniela lo miró con complicidad.
- Porqué te podría cuidar - dijo Santi, haciendo una postura como si fuera fuerte.
- No, voy sola.
- ¿Y no te da miedo? ¿Y si te secuestran? ¿Si me quedo sin hermana? ¡Pido tu cuarto como herencia! Jajaja - bromeó Santiago - Ya en serio, hermana, cuídate por favor.
- Si, tranqui, cualquier cosa digo que tengo un hermano que, si me pasa algo, los matará. Y sí, me da un poco de miedo pero a veces hay que seguir los instintos y no sé, hoy tengo una sensación que debo salir. 

***

Mientras caminaba Daniela, escuchó sonar Calle 13 de un garaje. Ingresó al bar, tuvo una sensación extraña por estar sola, era la primera vez que hacía algo así. Lo que sentía era algo que no podía explicar en palabras, sólo trasmitir sensorialmente. Se encontraba ansiosa, nerviosa y con una sonrisa tonta en los labios. Era como una travesura de niña que sale a escondidas de sus papás. 

"No se necesita plata pa' moverse, se necesita onda y música cachonda." 

Eran las 11 pm, estaba en un nuevo lugar barranquino que se había inaugurado hace menos de un mes. Tenía aspecto de un garaje de taller mecánico, con un aroma a aceite y lubricante de autos. La luz era más tenue que en su bar habitual, pero al escuchar "El baile de los pobres" sintió la necesidad de permanecer un poco más allí y explorar. Se acercó a la barra y pidió una cerveza. De pronto, vio a un tipo bailando solo en una esquina. Era alguien que estaba en sus veintes, usaba una camiseta de los Rolling Stones, y parecía que no importarle nada de lo que sucedía a su alrededor. Se le veía libre, fresco y natural. 

A Daniela le pareció gracioso ver a alguien así y sintió intriga por conocerlo.

- Seguramente está borracho - pensó Daniela - Pero recién son las once de la noche, no es posible esté así a esta hora - se cuestionaba - Pero, ¿había otra forma de ser tan libre sin el efectos del alcohol? - Sintió muchas ganas de acercarse, nuevamente esa sensación inexplicable, ese impulso que no podía evitar ni quería.

- Hola, soy Daniela. ¿Quieres bailar?
- Claro preciosa, me llamo Renzo. No es por nada personal pero soy de los que le cantas "Vamo' a portanos mal" pero nunca "Un beso de desayuno".
- No hay problema, tengo novio. - comenzaron a bailar y la curiosidad de Daniela pudo más - ¿Estas borracho?
- Jajaja, ¡no! ¿y esa pregunta?
- Es que te vi bailando solo con tanta libertad, que me hizo intuir que estabas borracho.
- ¿Tu necesitas alcohol para hacer las cosas que te gustan?
- Hmmm, no...
- ¿Entonces? Jajaja, eres rara.

Daniela se sonrojó y siguió bailando, admirando a Renzo y deseando copiar su despreocupada energía.

viernes, 24 de octubre de 2014

Amor sin amor: Segunda Parte

Sonó un mensaje en WhatsApp.

“Nadie necesita estar listo para algo, ¿cuándo nos vemos de nuevo?

La respuesta que recibió no era la que esperaba y sólo habían pasado diez horas desde la pregunta que dejó en visto. Daniela pensó que no era tiempo suficiente para hacerse la ofendida con él, al fin y al cabo sólo eran amigos.

“Tal vez se quedó dormido mientras chateábamos, tal vez estaba muy cansado para seguir la conversación, tal vez se le apago el celular y olvidó su cargador en el trabajo (pero si aparecieron los dos checks… ¡tal vez se le malogró el celular!), tal vez, sí, tal vez…” – Pensaba.

Las excusas aumentaban con el sonar de las manijas del reloj y con el también las ganas de todo. Bastaba con verlo, conversar y reír, tal vez también abrazarlo y con suerte robarle un beso. Mientras coordinaban cuando se verían nuevamente, ella miraba el celular con cara de tonta e idealizaba el futuro encuentro. Últimamente, era muy complicado concretar una fecha, por eso Daniela debía acomodarse a los pocos momentos libres que tenía él y para lograrlo posponía reuniones, avances de trabajos, cenas familiares y cualquier otro evento que se interpusiera entre sus salidas. Después de besarlo por primera vez, decidió jugar el todo por el todo, sentía que lo valía porque era él la persona con quién quería estar. A pesar de eso, no repitió suficientes veces lo mucho que lo quería, ni lo mucho que el encantaría estar a su lado porque no quería quedar en evidencia con él y siempre trataba de aparentar que no le gustaba tanto como le gusta y le daba lo mismo ser amigos o algo más. Finalmente, quedaron en verse el sábado por la noche. Daniela escribió, exageradamente grande, en su pizarra la fecha y hora en que se verían, sabiendo que no lo olvidaría pero verlo allí le alegraría el día.

El sábado se hizo eterno, Daniela no durmió varios días para poder terminar con los pendientes y estar libre para él. Además del sueño, tenía resaca porque días previos estuvo bebiendo todo lo que pudo, buscando en el alcohol el valor que sabía perfectamente le faltaba para hacer lo pactado para esa noche. En el transcurso del día, le escribió muchísimas veces a María con el fin que le repita una y otra vez que lo que haría no es nada del otro mundo, que todos lo hacen y  debe dejar de ser tan histérica y cucufata.

“¿Estas realmente segura que quieres hacer esto? Si es así, tienes que ir con el corazón y la cabeza fría sabiendo que aunque pase eso entre ustedes, no significa que le darán ganas de ser tu enamorado. Además, creo que tendrías que volverlo loco esta noche para que quiera volver a verte. Dani, tú no eres ese tipo de chica, por favor no la cagues, no tienes nada que demostrar.”

Cada palabra que leía resonaba en su cabeza. Sabía que tenía razón, debía dejar de pensar y sólo dejarse llevar por el momento y sí, ella no era ese tipo de chica y, por si fuera poco, siempre estuvo en contra del sexo casual. A pesar de no estar totalmente convencida, ya había quedado en algo y no podía arrepentirse.

El recordatorio del celular anunciaba que a las 7:30 pm debían verse. Ella llegó al lugar pactado y él estaba en quién sabe que parte de Lima. Cambiaron el lugar de encuentro y, como si no fuera suficiente, la hizo esperar más de 1 hora. Cuando se vieron, Daniela intentó ocultar el miedo que sentía, no obstante eran evidentes sus nervios al no poder coordinar ni dos movimientos correctos. Daniela le confesó que nunca había hecho algo parecido, que era la primera vez que estaría con alguien con quién no tenía una relación seria. Él  la comenzó a besar.

¿Qué? ¿Ya se acabó? – Pensó Daniela

No salió como esperaba y ella no ayudó a que fuera una noche espectacular. Asegura que una muñeca inflable hubiera estado más caliente que ella esa noche. Daniela no sintió nada. Ver la televisión le resultaba más divertido que lo que pasó en ese cuarto. A pesar que los dos aparentemente estuvieron de acuerdo con la decisión, los sentimientos en ella pudieron más y cada vez que él se acercaba sentía que logró lo que él quería, una noche de sexo casual. Nada de amores, ni promesas, ni te quieros. Parecía que no era la misma persona a quién un par de años atrás conoció o meses atrás besó y sintió tanta felicidad que ahora se resumía a nada.  Se despidieron y ella llamó al primer amigo que vivía cerca de donde estaba y fue a visitarlo en busca de un abrazo sincero. Necesitaba sentirse querida por alguien, necesitaba un poco de cariño real.
A pesar de esa espantosa noche, decidió hablar con él nuevamente porque para ella aún la historia no había terminado. Sin embargo, él ya no quiere saber nada sobre ella. Utilizó su lenguaje crudo y seudo sincero para hacerle creer que es la culpable de que no se concrete una relación entre ellos, por el desenlace que tuvo esa noche.

“Estuve varios meses esperando una llamada tuya después que nos vimos, tal vez preguntando como me sentía, creyendo que aún había algo por salvar de nosotros. Gracias por quitarme la venda de los ojos, nunca existió un nosotros.  Pude recordarte como un amor fugaz e intenso pero ahora sólo eres una noche sin pasión ni emoción.”