miércoles, 5 de febrero de 2020

Complicándome los días: Parte 1 - El Inicio

"Yo nací en 1991 pero el dolor nació un miércoles de agosto de 2003, cuando tenía 11 años. Siempre he sido curiosa, a tal punto que suelo escuchar conversaciones ajenas. Cuando estoy aburrida en el bus, me encuentro leyendo lo que conversan los pasajeros a mi lado; es un impulso instintivo del que no puedo escapar. Sin embargo, no estoy aquí para divagar. Estoy aquí para contar mi historia - o parte de ella, mejor dicho lo que deseo que sepan - mientras busco respuestas a las incógnitas que me han atormentado desde que tengo memoria. A menudo digo que soy una persona triste con un complejo de alegre. Mi rasgo más distintivo es la forma en que te recibo, con una sonrisa cálida y amable que busca hacerte sentir como en casa.

Pero cuando estoy a solas, es careta se desvanece y las preguntas aparecen. ¿Cuándo será el día en que deje de complicarme los días? ¿Cuándo aprenderé a dejar de pensar tanto y darle vueltas a las cosas?"

***

Agosto, 2003

Esa mañana, se despertó temprano, lista para prepararse para el colegio como cada día. El aroma del café recién hecho era su despertador natural, una señal para su reloj biológico. Desde pequeña, siempre había sido independiente y responsable; no necesitaba que le recordaran su obligaciones y su único objetivo era ver el orgullo en los ojos de sus padres, esperando un abrazo, merecer un poco de amor. No recuerda con precisión como había adquirido esa necesidad, pero a veces, su afán por cumplir a cabalidad lo que se le había asignado se convertía en un dolor de cabeza, y literalmente en un palpitar constante en sus ojos. Sin embargo ni el malestar, o alguna gripe que llegaba para fastidiar, eran un obstáculo para Daniela.

Daniela, la niña de los ojos tristes, los sueños grandes y los cabellos que olían a jazmín. La niña que le gustaba permanecer tras bambalinas viendo como la luz de los demás brilla. La que no conocía otra forma de ser más que hacer las cosas bien bajo la vara de lo que socialmente se conoce como bien, una niña que estudiaba, comía lo que debía de comer, dormía a la hora que debía dormir y hablaba cuando debía hablar, nunca más y nunca menos, sólo lo necesario para que todo esté bien.

Mientras organizaba sus cuadernos y revisaba que no se haya olvidado de hacer alguna tarea, escuchó a mamá charlar con sus tías, que habían venido de visita del interior del país y estoy días eran las huéspedes de la casa. Decidió saludarlas cuando la conversación hizo que se detuviera.

- Nunca había sentido algo así. Con Daniela nunca he tenido esas ganas locas de volver a casa para verla. No es que la ame menos, solo que con Santi es diferente. Todo es diferente. Me hace sentir un amor que nunca antes había sentido. ¿Será porque él es mi niñito y siempre el amor de madre por el primer hijo es distinto? - dijo su mamá en voz baja, casi susurrando para evitar que alguien más la escuche. Su voz transmitía un poco de culpa y conflicto interno.

En ese instante, algo se rompió dentro de Daniela. Se quedó paralizada en el pasillo de su casa, queriendo gritar, reclamarle por su esfuerzo constante por ser la hija perfecta y aunque se esforzará, todo este tiempo había sentido dentro de ella que su hermano por la simple razón de existir recibiría más amor. Todos sabemos que los padres tienen un favorito y duele cuando lo niegan, pero duele aún más cuando las sospechas son confirmadas. Ese día Daniela conoció el verdadero significado del dolor y lo que es tener el corazón roto.

Retrocedió lentamente los pasos que había avanzado. Entró a su cuarto y actuó como si  buscara algo olvidado. Sus pensamiento revoloteaban, sentía como si no fuera suficiente tener que haber escuchado por varios años que su falta de sensibilidad frente a las situaciones difíciles asombraba y al mismo tiempo aliviaba a sus padres. Ellos contaban como un logro a la tía de turno: la fortaleza interna que Daniela tenía demostrado a pesar del caos que se vivía en casa, manteniendo el primer puesto del salón y participar en todas las actividades que el colegio decidía inventar a pesar que en varias oportunidades era víctima de burlas por disfrazarse cuando nadie más quería hacerlo o hacía el show para la comunidad de ancianos cuando a los otros les parecían actividades ridículas. 

Aunque la ruptura de sus padres fue un momento triste, sintió que debía dejar ir ese dolor de lado por Santi, su hermano. No podía permitir que su propio sufrimiento la afectara más cuando él estaba atravesando una etapa tan caótica, rebelándose a pesar de su corta edad

Tomó aire y decidió que actuaría como si nada hubiera sucedido. Entró al cuarto de Santiago, lo abrazó fuertemente y le dijo:

- Hermano, ¿alguna vez te he dicho lo importante que eres para mi? - Las lágrimas corrían por su rostro. Santiago era muy amoroso con ella y sólo se llevaban un par de años por lo que ninguno de los dos conocía la vida sin el otro. De igual manera, le pareció extraño ver a Daniela de esa forma cuando generalmente ella se iba al colegio sola ya que le gustaba ser la primera en llegar.
- Hermana, ¿estás llorando? - preguntó Santiago, sin comprender.
- ¡No! - Daniela se alejó de un salto, dándole la espalda para ocultar sus lágrimas. - Una no puede ser cariñosa sin que le hagan preguntas tontas. Bueno, si no estás listo para ir al colegio, me iré por mi lado.

Se puso la mochila al hombro, tomó aire una vez más y decidió enfrentar la situación.

- Hola mamá, ya me voy al colegio. Hola tías, que tengan un lindo día - dijo con una sonrisa que pretendía ser sincera, pero ocultaba profundo dolor.

Entró a la cocina, se preparó un vaso de leche y guardó un pan con palta para el recreo. Salió de la casa aparentando que todo andaba muy bien pero mientras caminaba hacía el colegio, su mente se llenó de pensamientos oscuros. Se sentía avergonzada por todas las cosas que pensaba. Para ella, la persona más importante en su vida había roto su corazón. Tal vez, pensó, no debería esforzarse tanto por ser perfecta; quizás, el camino estaba en ser todo lo contrario, como Santi, que hacía todo lo que supuestamente no se debería. Una de la creencias más fuertes de sus primeros doce años acababa de perder validez. Siempre creyó que el amor es una consecuencia de los buenos actos, que se gana con acciones, que no es tan incondicional como suelen decir. 

Llegó a su salón, miró a su mejor amiga, intentando esbozar una sonrisa:

- Ximena, ¿tu me quieres?
- ¡Claro que sí! Eres la mejor amiga que alguien podría tener.

Daniela aprendió a guardar el dolor en un rincón profundo de su ser, construyendo un espacio donde pudiera alojarse y aparecer de vez en cuando. El dolor ahora tenía olor a café recién pasado en la mañana, el tono de voz de su mamá, y, aunque le doliera en el alma, el rostro de su hermano. Desde ese día, se esforzó aún más por ser la persona que otros querían que fuera, olvidando quién era, dejando de amar sus ojos tristes, su sonrisa cálida, su esencia de jazmín.

martes, 21 de enero de 2020

Reinventando: Parte 2

Daniela era el tipo de chica que no le gusta llamar la atención pero siempre lo hacía ya sea por sus comentarios sinceros que a los demás les provocaba reír o porque pasadas las 2 am aceptaba cantar acompañada de una guitarra. Estaba acostumbrada a hacerlo desde muy pequeña y dejarse admirar por la música. Tenía una conexión muy fuerte con la trova y música clásica, la sacaban de su día a día, de sus problemas existenciales y hasta de ella misma. Tal vez fue por eso que su primer amor fue alguien que aprendió a tocar en sus ratos tristes - y terminó siendo un experto - y la enamoró con canciones de su cantante favorito. 

La noche que ella cantó por primera vez en un bar y frente a un público por atrevimiento de Andrés fue mágica y marcó el inicio de una etapa que cambiaría su vida por completo. Esa noche fue libre, a pesar de tener los ojos de todos sobre ella. Esa libertad de no pensar y sólo dejarse llevar por la melodía, vibrar con todo el cuerpo y entregar parte de ella a desconocidos era lo que necesitaba para reconectarse consigo misma. 

Al día siguiente de esa noche, prendió su computadora muy temprano y buscó en internet una academia para estudiar teatro musical. La niña que jugaba a ser parte de un musical de Disney tomó el control y le recordó lo que te apasiona.

- Hola Ximena, ¿tienes un ratito para conversar?
- Sí Dani, ¿qué pasó?
- Voy a presentarme a un casting. Es que no hay nivel principiante. Ni modo me lanzaré al intermedio. ¡El taller termina con una obra! ¿Te imaginas? ¡Yo en una obra de verdad! - dijo Daniela muy rápidamente, la emoción envolvía todo su ser. 
- Dani, Dani, más despacio que no entiendo. ¿Casting de qué? ¿Taller de qué?
- Ay, lo siento. A ver, he decido estudiar teatro musical, entonces hoy estuve buscando academias pero el nivel básico inicia el próximo año. No quiero esperar tan tiempo, entonces el nivel intermedio inicia en un mes pero tengo que ir a un casting. Es eso, me lanzaré a la piscina y estoy acostumbrada a darme de cara, entonces no tengo nada que perder. 
- ¡Wooow! Me encanta, que increíble. - A Ximena no le quedaba el tema claro del todo pero le daba alegría escuchar a Daniela emocionada después de tanto tiempo. 
- ¿Me acompañarías al casting? 
- Sí Dani, siempre para lo que quieras.
- Tengo miedo Ximena. ¿Y si no soy lo suficientemente buena? - Daniela se quedaba en silencio mientras pensaba en los posibles finales de ese casting. 
- Daniela, ¿te acuerdas de ayer? ¿a todos pidiendo que cantes otra? Hasta Rafa quería que cantes otra canción y ya sabes como es el jajaja.
- Sí...
- El día que te veas como nosotros te vemos... - había un poco de tristeza en sus palabras. Realmente le dolía la poca confianza que se tenía una de sus mejores amigas.
- Todo saldrá bien, nos vemos más tarde en casa de Rafa y te cuento todo con más detalle.
- Dale Dani.

Daniela colgó el teléfono, dejó los pendientes a un lado y se recostó en su cama. Cerro los ojos y en automático el rostro de Sebastián apareció en su cabeza. Sus ojos verdes, grandes y tristes que brillaban cuando ella aparecía. Su cara sin expresiones a la cual ella le dio vida. Los días de universidad en que no importaban muchas cosas, solo tener un break de un par de horas para tirarse en el parque a escuchar música. Repasar todas las promesas que se quedaron en el aire cuando aceptaron que esa relación no daba para más. 

Eran pocos días desde que él la había llamado a contarle que tenía nueva relación y a pesar que eso aún le afectaba, tenía muchas ganas de llamarlo y decirle lo que había decidido. Se preguntaba cuando llegaría el día en que podrían ser amigos como habían prometido al iniciar la relación, cuando eran unos niños que jugaban al amor y a los para siempre. 

***

- Hola, mi nombre es Daniela. Soy cantante de garaje y me siento muy nerviosa de estar aquí, frente a ustedes. Voy a cantar Belle, espero que les guste. 

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martes, 14 de enero de 2020

Monstruos

A lo largo de mi vida he tenido muchos monstruos en mi cabeza. A todos los conocía ya que eran creados producto de recuerdos y por alguna razón - que hasta el día de hoy no comprendo - sentía la necesidad de que sigan presentes. Lo bueno es que sabía como hacer para eliminarlos. También podía deformar su apariencia, sus poderes, entonces no lograban asustarme. Eran monstruos que daban risa, inofensivos. Los demás no comprendían como podía convivir con ellos, entonces estas personas se iban para convertirse en un nuevo monstruo dentro de mi. Hasta que un día entendí que las cosas, a la larga, no iban a funcionar, tenía muchos monstruos y pocas personas reales. Muchos problemas ficticios y pocos reales. Mucho dentro de mi y poco afuera. Me costó aceptarlo aunque puede sonar muy fácil de deducir: Los recuerdos en exceso arruinan el hoy.

Recuerdo a mis monstruos y me hace sentir tranquila saber que hoy no existen. Tardé algunos años en eliminarlos pero no fue tan difícil como en un inicio pensé. Creo que lo más difícil es acostumbrarse a que ya no estén. 

Suena Silvio Rodriguez en el reproductor y unas lágrimas caen de mis ojos. 

"... El derrumbe de un sueño, algo hallado pasando, resultabas ser tú.

Una esponja sin dueño, un silbido buscando, resultaba ser yo."


Continua la canción y a pesar que lo que dice no tiene nada que ver conmigo. Me quedo con algunas frases en la cabeza: 

"¿Qué diría la gente si sabe esto? ¿Qué dirían los amigos, los viejos vecinos? 
¿Qué dirían las ventanas, tu madre y su hermana?" 

Me avergüenza aceptar - y aún más mostrar - mi inseguridad pero me asusta que seguir callando me haga equivocarme y hacer algo de lo que luego me arrepienta. Después de mucho tiempo apareció un nuevo monstruo que no me animo a ver de frente porque siento que es mucho más grande que yo y de seguro me destruirá. Un monstruo que sonríe cuando la miro de reojo. Que aparece de vez en cuando y me da ganas de conocer más de ella. Por lo pronto, le he creado una personalidad increíble y una lista interminable de logros que no podría detallarlos por ser tantos y mejor ni les cuento lo hermosa que es y lo cuerda que está.

¿Qué pasaría si vuelve otra vez? ¿qué pasaría si se le ocurre estar en el presente y al ser más grande que yo... yo me quedo sin nada? 

¿Yo me quedo sin nada? 

***

"Hola nuevo monstruo, si estas leyendo esto es porque de alguna manera quieres estar en el presente y sabes, te entiendo. Todos podemos equivocarnos y pensar que en realidad queremos algo cuando no es lo que queremos, sé que ahora tu me entiendes. Sólo quiero que sepas que yo la tengo muy clara y hasta el día que la vida me lo permita, daré la mejor versión de mi para construir lo que quiero en el presente que hoy vivo. Le pongo mucha energía a estar tranquila y feliz y - en la medida que pueda - hacer feliz a quienes amo. También que aunque me siento insignificante a tu costado, voy a luchar con los poderes que me dieron y con los que me inventaré para vencerte. Te tengo miedo, sí, pero soy de las mujeres que lo hacen hasta con miedo, entonces sentir miedo ahora me da cierta ventaja sobre todo. Pero si no esperas volver, espero que te vayas pronto de mi cabeza porque, por lo menos yo, no te quiero cerca."

***

No puedo quedarme sin nada porque no me pueden quitar la única cosa que necesito para seguir: A mi. Si viene, que venga, no voy a retener lo que no quiere quedarse. e

De pronto me siento tranquila nuevamente. Estoy conmigo. Estoy presente. 

La seguridad vuelve, las lágrimas se van y con ellas, el miedo. 

domingo, 8 de diciembre de 2019

Mi Independencia

"Cada día era más fácil. Sentía que estaba en el camino de perdonarme y dejar el pasado atrás. Es triste estar triste sin razones aparentes o absurdas a tus ojos. Pero es aún más triste tener palabras resonando en la cabeza de personas que fueron importantes. Nadie sabe el impacto que tienen las palabras, por lo menos en mi, y lo difícil que es que reponerme después de que me lancen veneno en forma de sonidos. Una vez me dijeron que soy muy frágil y no supe que responder, sólo me quedé callada. Aún no sé si es que yo soy muy frágil o la gente, a veces, es muy cruel. 

Ser intensa es poco valorado. Sí, tenemos mala fama pero no invierto mis energías en luchar esa batalla. Puede parecer que es fácil ser así pero no lo es. Por ratos es desgastante porque implica vivir en una montaña rusa de emociones donde cada una de ellas se siente en su forma más exagerada. Sin embargo, cuando logras eso que tanto deseaste, sabes que valió toda la intensidad que usaste."


***

Logré meter todo lo que había sido mi hogar, durante los últimos años, dentro de mi auto que de un momento al otro se convirtió en el típico carro de payaso de circo con muchas cosas metidas de una forma torpe. Era la segunda vez que me iba a mudar y ya era una experta. Me gusta sentir que puedo hacer todo sola y por eso no pedí ayuda, ni avisé que cambiaría de casa otra vez. Embalé cajas, desarmé muebles, bajé las cosas piso por piso y noté que era más fuerte de lo que pensaba cuando cargaba mi mochila en un trek y, automáticamente, pedía a alguien más que la lleve por mi. Me ensucié, lloré y miré alrededor con orgullo y nostalgia. Recién caía en cuenta que había recolectado muchas cosas, entre compras de diario y noches de insomnio en las cuales fumar unos cigarros en el techo y observar el parque del lado buscando una señal, un deseo de estrella fugaz o una luz que me dé la certeza que mi suerte mejoraría se había convirtió en parte de la rutina de mi día. 

Era mi primera vez viviendo sola y fue complicado pero aprendí el valor de la independencia aunque sintiera que me costaba hasta respirar. Si no arreglaba la casa, nadie más lo haría por mi y vivía en mi asquerosidad hasta el día que decida hacer algo al respecto. Vivir sola es la forma más tangible de entender que, al final, sólo te tienes a ti y si tu no te cuidas, lo más probable es que la pases mal en esto que llamamos vida. Los primeros meses era difícil lidiar con la soledad, tenía pensamientos extraños como "podría morir aquí y me encontrarán después de varios en días, ya descompuesta" o "a nadie le importo porque no vienen a asegurarse que estoy bien". También extrañaba la comida de casa, las charlas en la cena, la compañía al ver una película el domingo por la tarde, hasta las peleas entre mi papá y mi hermana. Luego, el tiempo transcurrió y todo cobró más sentido. Valoré la soledad y hasta terminó siendo un privilegio pasar una tarde tranquila, leyendo un libro mientras comía un postre, mirar por mi ventana como las hojas del árbol se movían o a los niños jugar con las resbaladeras del parque. Comencé a conocerme a la perfección, saber cuando estoy en modo "quiero molestar", cuando debo engreírme para que la composición química de mi cuerpo no sea más fuerte y me sumerja en la tristeza, cuando necesito un respiro de los demás y, lo más importante, aprendí a ser más consciente de mis emociones.

Terminé de guardar las últimas cosas en mi cuarto, darle la llave al casero del edificio y me quedé unos minutos parada mirando el lugar donde viví los últimos años. En ese momento tenía la completa certeza que la Daniela que llegó no es la misma que ahora se estaba yendo en busca de nuevas aventuras. Había crecido de una manera abrupta y dolorosa, pero en mi caso es necesario que sea así el proceso.

Entré a mi auto, lo encendí cuando de pronto apareció él en su carro color gris y se estacionó de una forma como dando a entender que no me permitiría salir de la cochera.

- ¡Daniela! No te vayas, no tiene sentido. ¿Qué vas a hacer en otra ciudad? Si te pasa algo, no voy a poder ir a verte.
- ¿Quién te contó que me voy?
- Eso no importa, sólo no te vayas. Por favor, no lo hagas.
- ¿Aún no te das cuenta que nadie se muere de amor?

martes, 26 de noviembre de 2019

Reinventando: Parte 1

Era una tarde un poco fría. Se había perdido recorrido calles mientras tomaba fotos y no había quedado tiempo para almorzar. Llegó a su casa de turno, se puso ropa aún más cómoda de la que llevaba puesta, dejó la cámara a un lado y calentó un poco de café pasado y unas humitas que había comprado en la plaza. Hizo todo muy rápido para poder ir pronto a la terraza a disfrutar el anochecer. Sin celular, sin cámara, sin fantasmas. Con los años, se acostumbró a rentar pequeños departamentos en lugar de una habitación de hotel y así por unos días se sentía como si tuviera otra casa, en donde podía reformular sus reglas de convivencia, su rutina diaria y, muchas veces, permitirse jugar a ser otra persona.

La vista desde la terraza era hermosa y Daniela aguarda los anocheceres para estar arropada en una manta y una taza caliente. Antes solía acompañarlos, también, con una cajetilla de cigarros - le encanta el olor a cigarro y café pasado (o ron con coca cola) - pero hace más de un año que no fuma y ni el mejor anochecer, ni la mejor juerga la haría flaquear en su ideal de no volver a fumar.

- Vida, ¿te cuento algo gracioso? - Esperaba unos segundos con la esperanza que alguien responda - Yo siempre decía que iba a dejar de fumar el día que tenga hijos. Porque, ¡claro!, siempre he sabido que fumar te daña más del 80% de órganos que tenemos dentro pero por mi misma no podía hacerlo, tenía que tener un hijo para que por él (o ella) - siempre he querido que sea un él - tenga la voluntad que no tenía para hacerlo por mi misma. Ay vida, es que por tantos años me he tenido tan poquito amor propio...

Terminaba de decir esa línea y la voz se le entrecortaba. Aún dolía recordar. Mientras se preguntaba si algún día dejaría de doler así, en su cabeza recorrían los años en que se creía la reina del bar, destilando aires de grandeza que la gente solo lograba pasar con algunas sonrisas extras. Tanto tiempo de caretas, mentiras y jugar con corazones. Sin embargo, cuando estaba sola se reducía a sentirse miserable con lo buena que era la vida con ella a pesar de todo. Salían lágrimas por sus ojos. 

De pronto, volvía a sonreír. Se secaba las lágrimas con mucha dulzura mientras se miraba en el reflejo de la cuchara. Al terminar los recuerdos de años oscuros, comenzó el día en que cambió todo. Un día se prendió una pequeña luz que con el tiempo creció y se expandió por todo su ser. No sabe cómo se originó, si alguien la prendió y se fue. Solo sabe que un día volvio a mirar y al rededor ya no era tan oscuro, tan tenebroso, tan intimidante. 

- Vida, ¿te cuento algo gracioso? - Esperaba otra vez unos segundos antes de continuar - Siento que por fin estoy en paz.

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jueves, 14 de marzo de 2019

Clown para ser feliz

He cambiado.

No soy la misma que un día se fue en busca de nuevas experiencias ni la que volvió. Hoy tengo definidas mis prioridades y lo que quiero para mi. A veces es complicado porque cuesta renunciar a una vida a la que estas acostumbrada y por ratos funciona, para comenzar de nuevo. Dejar atrás los viejos hábitos, amigos, pasatiempos, formas de pensar, metas, ídolos de vida y una parte de mi misma. Sin embargo, hoy tengo claro que las personas evolucionamos y todos los cambios son sólo para mejor y esos cambios, vienen con desapego. 

Un día decides ser un libro en blanco. Tirar a la basura la vida y planes que tenías para comenzar de nuevo. Te sientas en tu cama a ver fotos antiguas, recuerdas tu niñez con nostalgia que tiene algo de felicidad y otro poco de tristeza. Recuerdas con lo que soñabas y la convicción con que decías que lo ibas a lograr. Todos los niños tienen sueños increíbles y no les importa si son grandes o pequeños o todo el esfuerzo que deberán invertir. No se ponen como nosotros, los adultos, a analizar cada detalle y pensar que es lo que perderé si priorizo esto o que dejaré de hacer o que de mejor podría estar haciendo. ¡No! Ellos sólo sueñan y así son felices, creyendo que lo tendrán y algunos hasta juegan con que ya lograron su sueño o ya son lo que desean. Sigues avanzando y encuentras tu adolescencia, la mía no fue complicada o no lo recuerdo como una etapa caótica pero si me costaba definir que es lo que quería para mi. Al final, hice lo que dijeron que debía hacer y hoy estoy agradecida con lo que tengo, no tengo nada que reprochar.
  
Pero estas en ese día, en el que decides ser un libro en blanco y probar cosas nuevas y en ese camino conoces nuevas personas que te cambian la forma de ver la vida y sentir, te cambian los ojos, te abren el panorama. Te reencuentras con otras que hace mucho no veías pero sientes en tu corazón esa alegría de todos los logros que consiguió y las ganas que le mete a ser feliz y, sabes que es lo más genial, que ellos también se alegran de los tuyos. Conoces nuevas pasiones que te provocan estallidos de felicidad. Conoces nuevas formas de compasión, de amor, de entrega desinteresada, de ser feliz y reír desde adentro hasta que duela la panza y te salgan algunas lágrimas de los ojos. Conoces un mundo ideal, el que cantabas cuando eras pequeña mientras veías Aladinn y te acordabas de tu mamá que muy a su forma te impulso siempre a soñar en grande y muchos años no lo hiciste por sólo querer dar la contra pero siempre estuvo ahí, guardado en tu corazón, esperando que te quites esa corteza tan dura con la que habías protegido tu alma para que nada te afecte, para que te vean como el eslabón que no se desdobla, que sale triunfante. Pero hoy ya no importa, la terquedad quedó atrás y dejas de caminar para volar, no en una alfombra mágica si no contigo misma.

El día que decidí ser un libro en blanco, aprendí a ser clown y a pesar que aún me falta estudiar mucho e inscribirme a más talleres y saber mucho más de ese mágico mundo. En estos cortos siete meses me ayudo a ser más libre, más segura, más feliz, más guapa y podría decir que hasta amarme más. A dejar de juzgarme y compararme con los demás. Comenzar a ser yo mi propio referente, claro que igual tengo algunos ídolos pero ya no los veo con cierta envidia si no con gratitud porque escucho las enseñanzas que dejaron y me ayudan a ser mejor. Entendí que cada uno de nosotros tiene diferentes caminos y propósitos que cumplir y que todos y cada uno de ellos son igual de valiosos y hay que aplaudirlos cuando vez lo constantes que son para lograr sus sueños. Todo esto lo recordé jugando y en esos juegos, hacía reír a los demás, porque les aseguro que desde el día que me pare en un escenario y los vi reír conmigo, comencé a reírme yo también de mi y fue magia pura. Cuando empecé a mostrarme transparente, tal cual soy sin mascaras pero con muchas ganas de mejorar día a día, todo se hizo más ligero, comenzó a fluir bonito, aparecieron risas por todos lados y una vibra alucinante.

Gracias payasa, sé que aún tengo mucho más por explorar y conocerte pero también sé que siempre estuviste ahí, dentro de mi, como un pendiente desde la primera clase que fui cuando tenía diecisiete años. Me dijiste muchas veces que querías salir, es que la intuición es tan sabia y te confieso algo. te escuche en el momento exacto, cuando más te necesitaba.


martes, 5 de marzo de 2019

Mi vida como un trek

Aún recuerdo como si hubiera sido ayer la primera vez que hice un trek. 

Hace tres años viaje a Huaraz, el viaje salió de un día para el otro pero ya había visto muchas fotos increíbles de una laguna a 4,200 msnm y como soy amante de las fotos, quería tener mi foto postal allí, ese era mi trofeo. No sabía a lo que me estaba metiendo. No recuerdo a ciencia cierta si estaba con los implementos adecuados así que diré que no, no estaba preparada. Recuerdo que en cierta parte me asuste y quise salir corriendo, sin embargo soy necia y en ese momento me importaba mucho la opinión de los demás, así que tenía que terminar el camino por la simple razón de no fracasar. En ese momento de mi vida, tenía una construcción sobre mi tan pesada que quería dar la impresión de ser fuerte, de todo lo puedo, de lo que quiero lo logro y que desgastante era vivir cargando todo eso. De hecho estuve renegando la mayoría del tiempo y sólo tenía cara bonita cuando sacaba el celular para registrar el camino en vídeo. Cuando faltaba pocos metros para llegar a la cima, sentí que no podía más, que en realidad no importaba tanto rendirme con tal que el dolor de cabeza desapareciera por unos minutos pero en ese momento apareció alguien que disolvió un sobre rojo en una botella de agua y me lo ofreció, creo que era algo energizante, la verdad no pregunté. Luego de eso, no podía hacer otra cosa que seguir caminando. Llegué a la laguna y el sentimiento fue inexplicable. Lo había logrado. Había caminado unos 13 km por casi 3.5 horas, si de hecho no es un tiempo del cual sentirse orgulloso pero yo me sentía fabulosa.

Después de ese día y a raíz de mantener ocupada mi cabeza la mayoría de tiempo, comencé a hacer más caminatas con un amigo que aguantaba escucharme renegar todo el camino, o eso creo, y se burlaba cuando me ofrecía una foto y mi sonrisa aparecía como invocada y aparecía una mujer feliz y relajada. Entonces practicar trek se volvió una rutina de renegar y tener fotos bonitas que definitivamente no se sentía correcto. Cuando alguien me preguntaba como me había ido, no sabía si decirles la verdad o decir que fue increíble. Sentía que estaba viviendo una mentira y la peor parte es que me estaba engañando con una seuda felicidad.

Con el tiempo, decidí aprender a ver mi vida desde a fuera, como si fuera alguien más. Ponerme en otra perspectiva ya que no me iba del todo bien y estaba cansada de que fuera así. En ese momento, me di cuenta que esa actitud que tenía en los treks era la misma que tenía en mi vida. Renegaba por todo, me molestaba de cosas que hoy no tienen importancia o hasta de cosas que yo misma había decidido, ni si quiera recuerdo la lista enorme de cosas por las cuales he pasado malos ratos y he causado a otros sentirse igual de mal. Lo que más me disgustaba era que podía estar de malas pero me ponías frente a personas con quienes no tenía tanta confianza y fingía que todo estaba bien, como si fuera una foto. No me gustó darme cuenta del patrón que estaba siguiendo y decidí cambiar. Sí, suena fácil decirlo ahora pero me ha llevado varios años y aún el camino sigue siendo largo pero la tengo clara, no me enfoco en la foto final, si no disfruto el camino.

Hoy acepto mi vida con subidas y bajadas, con ratos en que piso mal y resbalo, algunas veces dolerá y otras veces sólo reiré por haberme caído de forma graciosa pero siempre me levantaré porque no puedo quedarme ahí estancada viendo como la vida pasa. Mi mirada esta fija en el frente y en seguir el camino, aunque por ratos me asuste que un día la caída sea tan fuerte que sea muy difícil levantarme. Me siento a mirar todo lo que avance y me gusta recompensarme por esos pequeños logros, hacerme porras y tomarme varios descansos si es lo que necesito. No estoy comparándome con los demás, ni me fijo si alguien está mirando lo que hago o va más rápido que yo. Es mi camino y lo hago a mi ritmo, al que puedo mantener hasta lograr lo que busco. Disfruto mi compañía y los paisajes que me regala la vida. 

Cuando logro lo que me tracé o llegó al final de un camino después de varias horas, encuentro mi recompensa mayor. Sí que es hermosa, sí que vale la alegría todo el esfuerzo invertido. Sin embargo no olvido todo lo que recorrí para llegar hasta ese punto. Recuerdo con cariño cada paso que di, pienso que cada pendiente, por más terrible que pudo haber sido, de regreso será más fácil porque vamos de bajada. La lluvia, el sol, el cansancio es parte de un todo y pensar que la vida será fácil es seguir viviendo en el mundo de las fantasías. Prefiero mojarme con la lluvia, secarme y brillar con el sol y tomarme un respiro si es necesario cuando siento cansancio.