jueves, 14 de marzo de 2019

Clown para ser feliz

He cambiado.

No soy la misma que un día se fue en busca de nuevas experiencias ni la que volvió. Hoy tengo definidas mis prioridades y lo que quiero para mi. A veces es complicado porque cuesta renunciar a una vida a la que estas acostumbrada y por ratos funciona, para comenzar de nuevo. Dejar atrás los viejos hábitos, amigos, pasatiempos, formas de pensar, metas, ídolos de vida y una parte de mi misma. Sin embargo, hoy tengo claro que las personas evolucionamos y todos los cambios son sólo para mejor y esos cambios, vienen con desapego. 

Un día decides ser un libro en blanco. Tirar a la basura la vida y planes que tenías para comenzar de nuevo. Te sientas en tu cama a ver fotos antiguas, recuerdas tu niñez con nostalgia que tiene algo de felicidad y otro poco de tristeza. Recuerdas con lo que soñabas y la convicción con que decías que lo ibas a lograr. Todos los niños tienen sueños increíbles y no les importa si son grandes o pequeños o todo el esfuerzo que deberán invertir. No se ponen como nosotros, los adultos, a analizar cada detalle y pensar que es lo que perderé si priorizo esto o que dejaré de hacer o que de mejor podría estar haciendo. ¡No! Ellos sólo sueñan y así son felices, creyendo que lo tendrán y algunos hasta juegan con que ya lograron su sueño o ya son lo que desean. Sigues avanzando y encuentras tu adolescencia, la mía no fue complicada o no lo recuerdo como una etapa caótica pero si me costaba definir que es lo que quería para mi. Al final, hice lo que dijeron que debía hacer y hoy estoy agradecida con lo que tengo, no tengo nada que reprochar.
  
Pero estas en ese día, en el que decides ser un libro en blanco y probar cosas nuevas y en ese camino conoces nuevas personas que te cambian la forma de ver la vida y sentir, te cambian los ojos, te abren el panorama. Te reencuentras con otras que hace mucho no veías pero sientes en tu corazón esa alegría de todos los logros que consiguió y las ganas que le mete a ser feliz y, sabes que es lo más genial, que ellos también se alegran de los tuyos. Conoces nuevas pasiones que te provocan estallidos de felicidad. Conoces nuevas formas de compasión, de amor, de entrega desinteresada, de ser feliz y reír desde adentro hasta que duela la panza y te salgan algunas lágrimas de los ojos. Conoces un mundo ideal, el que cantabas cuando eras pequeña mientras veías Aladinn y te acordabas de tu mamá que muy a su forma te impulso siempre a soñar en grande y muchos años no lo hiciste por sólo querer dar la contra pero siempre estuvo ahí, guardado en tu corazón, esperando que te quites esa corteza tan dura con la que habías protegido tu alma para que nada te afecte, para que te vean como el eslabón que no se desdobla, que sale triunfante. Pero hoy ya no importa, la terquedad quedó atrás y dejas de caminar para volar, no en una alfombra mágica si no contigo misma.

El día que decidí ser un libro en blanco, aprendí a ser clown y a pesar que aún me falta estudiar mucho e inscribirme a más talleres y saber mucho más de ese mágico mundo. En estos cortos siete meses me ayudo a ser más libre, más segura, más feliz, más guapa y podría decir que hasta amarme más. A dejar de juzgarme y compararme con los demás. Comenzar a ser yo mi propio referente, claro que igual tengo algunos ídolos pero ya no los veo con cierta envidia si no con gratitud porque escucho las enseñanzas que dejaron y me ayudan a ser mejor. Entendí que cada uno de nosotros tiene diferentes caminos y propósitos que cumplir y que todos y cada uno de ellos son igual de valiosos y hay que aplaudirlos cuando vez lo constantes que son para lograr sus sueños. Todo esto lo recordé jugando y en esos juegos, hacía reír a los demás, porque les aseguro que desde el día que me pare en un escenario y los vi reír conmigo, comencé a reírme yo también de mi y fue magia pura. Cuando empecé a mostrarme transparente, tal cual soy sin mascaras pero con muchas ganas de mejorar día a día, todo se hizo más ligero, comenzó a fluir bonito, aparecieron risas por todos lados y una vibra alucinante.

Gracias payasa, sé que aún tengo mucho más por explorar y conocerte pero también sé que siempre estuviste ahí, dentro de mi, como un pendiente desde la primera clase que fui cuando tenía diecisiete años. Me dijiste muchas veces que querías salir, es que la intuición es tan sabia y te confieso algo. te escuche en el momento exacto, cuando más te necesitaba.


martes, 5 de marzo de 2019

Mi vida como un trek

Aún recuerdo como si hubiera sido ayer la primera vez que hice un trek. 

Hace tres años viaje a Huaraz, el viaje salió de un día para el otro pero ya había visto muchas fotos increíbles de una laguna a 4,200 msnm y como soy amante de las fotos, quería tener mi foto postal allí, ese era mi trofeo. No sabía a lo que me estaba metiendo. No recuerdo a ciencia cierta si estaba con los implementos adecuados así que diré que no, no estaba preparada. Recuerdo que en cierta parte me asuste y quise salir corriendo, sin embargo soy necia y en ese momento me importaba mucho la opinión de los demás, así que tenía que terminar el camino por la simple razón de no fracasar. En ese momento de mi vida, tenía una construcción sobre mi tan pesada que quería dar la impresión de ser fuerte, de todo lo puedo, de lo que quiero lo logro y que desgastante era vivir cargando todo eso. De hecho estuve renegando la mayoría del tiempo y sólo tenía cara bonita cuando sacaba el celular para registrar el camino en vídeo. Cuando faltaba pocos metros para llegar a la cima, sentí que no podía más, que en realidad no importaba tanto rendirme con tal que el dolor de cabeza desapareciera por unos minutos pero en ese momento apareció alguien que disolvió un sobre rojo en una botella de agua y me lo ofreció, creo que era algo energizante, la verdad no pregunté. Luego de eso, no podía hacer otra cosa que seguir caminando. Llegué a la laguna y el sentimiento fue inexplicable. Lo había logrado. Había caminado unos 13 km por casi 3.5 horas, si de hecho no es un tiempo del cual sentirse orgulloso pero yo me sentía fabulosa.

Después de ese día y a raíz de mantener ocupada mi cabeza la mayoría de tiempo, comencé a hacer más caminatas con un amigo que aguantaba escucharme renegar todo el camino, o eso creo, y se burlaba cuando me ofrecía una foto y mi sonrisa aparecía como invocada y aparecía una mujer feliz y relajada. Entonces practicar trek se volvió una rutina de renegar y tener fotos bonitas que definitivamente no se sentía correcto. Cuando alguien me preguntaba como me había ido, no sabía si decirles la verdad o decir que fue increíble. Sentía que estaba viviendo una mentira y la peor parte es que me estaba engañando con una seuda felicidad.

Con el tiempo, decidí aprender a ver mi vida desde a fuera, como si fuera alguien más. Ponerme en otra perspectiva ya que no me iba del todo bien y estaba cansada de que fuera así. En ese momento, me di cuenta que esa actitud que tenía en los treks era la misma que tenía en mi vida. Renegaba por todo, me molestaba de cosas que hoy no tienen importancia o hasta de cosas que yo misma había decidido, ni si quiera recuerdo la lista enorme de cosas por las cuales he pasado malos ratos y he causado a otros sentirse igual de mal. Lo que más me disgustaba era que podía estar de malas pero me ponías frente a personas con quienes no tenía tanta confianza y fingía que todo estaba bien, como si fuera una foto. No me gustó darme cuenta del patrón que estaba siguiendo y decidí cambiar. Sí, suena fácil decirlo ahora pero me ha llevado varios años y aún el camino sigue siendo largo pero la tengo clara, no me enfoco en la foto final, si no disfruto el camino.

Hoy acepto mi vida con subidas y bajadas, con ratos en que piso mal y resbalo, algunas veces dolerá y otras veces sólo reiré por haberme caído de forma graciosa pero siempre me levantaré porque no puedo quedarme ahí estancada viendo como la vida pasa. Mi mirada esta fija en el frente y en seguir el camino, aunque por ratos me asuste que un día la caída sea tan fuerte que sea muy difícil levantarme. Me siento a mirar todo lo que avance y me gusta recompensarme por esos pequeños logros, hacerme porras y tomarme varios descansos si es lo que necesito. No estoy comparándome con los demás, ni me fijo si alguien está mirando lo que hago o va más rápido que yo. Es mi camino y lo hago a mi ritmo, al que puedo mantener hasta lograr lo que busco. Disfruto mi compañía y los paisajes que me regala la vida. 

Cuando logro lo que me tracé o llegó al final de un camino después de varias horas, encuentro mi recompensa mayor. Sí que es hermosa, sí que vale la alegría todo el esfuerzo invertido. Sin embargo no olvido todo lo que recorrí para llegar hasta ese punto. Recuerdo con cariño cada paso que di, pienso que cada pendiente, por más terrible que pudo haber sido, de regreso será más fácil porque vamos de bajada. La lluvia, el sol, el cansancio es parte de un todo y pensar que la vida será fácil es seguir viviendo en el mundo de las fantasías. Prefiero mojarme con la lluvia, secarme y brillar con el sol y tomarme un respiro si es necesario cuando siento cansancio.


domingo, 27 de enero de 2019

Sorpresa

Cuando lo encontré bailando al lado de la barra, lo primero que pensé que decidir no contarle a ninguna de mis amigas que había vuelto a salir con él fue la mejor decisión que pude tomar en la última semana. De hacerlo, me habrían dicho que era una tonta por creer que las personas cambian en tres meses. Debo confesar que sí le creí, siempre creo lo que me dicen las personas a pesar que mi psicólogo me haya repetido varias veces que después de cierta edad es muy difícil cambiar tu esencia. Pero si yo decidí mejorar y aunque en el camino la he cagado varias veces - algunas cagadas sí que olieron feo -, siento que he podido re-invertarme y mejorar en muchos aspectos de mi vida. Entonces, si yo pude, ¿por qué no podrían los demás? Eso es lo que pienso, soy una ternurita ¿verdad? Es fácil agarrarme de ilusa pero, aprendí a dar la vuelta a la página y rápido, no me vengan con huevadas.

Sólo fueron dos salidas y menos mal que no le permití meterse bajo mis sábanas otra vez a pesar que desde que nos reencontramos la cosa fluyó. Antes creía que sólo fluía con algunas personas y cuando vivías algo así tenías que aferrarte a ese sentimiento porque era muy difícil volver a encontrarte con algo así pero luego me di cuenta que con cualquiera que has tirado alguna vez, logras tener esa conexión que fluye. Puedo sonar a que con los años deje de idealizar el amor y sí, es así y es lo mejor que he podido hacer.

Gracias a tantas novelas mexicanas, las más dañinas en su especie porque embrutecen el cerebro más que ver un reality de moda, otras tantas películas de Disney y las viejas y confiables comedias románticas, solía creer que todo estaba destinado a ser, que al final de la historia, todo se arreglaba y terminaba con un beso de "felices para siempre". La mermelada siempre ha sido parte de mis días. Que aparecerte a medianoche en la puerta de su casa con carita dulce y pedir disculpas, era la máxima expresión de amor. ¿Por qué no me dijeron que así no funciona en la vida real? ¿Qué eso sólo te hace ver lo obsesiva y poco amor que te tienes? En fin... Hoy por hoy, sé que mi definición de amor esta errada. Entonces, ya no sé. Intento entretener mi tiempo en otros temas porque cada vez que me tocan el tema de relaciones amorosas, me cuesta mucho seguir el tema, tengo una lista de intentos fallidos que cuando cuento el resumen, me miran con una cara de "ni en broma has hecho todo eso, ¿dónde está la puerta de salida?". Bueno sí, tampoco me gano el premio mayor pero he cometido mis errores de adolescente hasta los veinticinco. Hoy por hoy. estoy como un libro en blanco, buscando que es el amor y como se siente. Todo lo que viví fueron mentiras y lo siento por cada uno de mis exs, porque lo que les di fue cualquier cosa menos amor, espero que al menos los haya divertido porque si no, fracasé hasta como persona graciosa y eso no lo permito.

Retomando mi historia y contando algo de lo que sí estoy segura es que cuando lo vi bailando sentí traición. No teníamos una relación pero me dijo que había cambiado y las juergas quedaron en segundo plano, que volvería temprano, que si yo quería podíamos vernos el sábado en la noche porque no haría nada. Pero ahí estaba con sus amigos, y yo no sabía si acercarme o no. Lo que hice fue salir a tomar aire y hablar conmigo. Dije algunas cosas en voz alta por lo que un borrachín de la discoteca que se ganó con mi speech en contra de los de su género se me acercó diciendo "tranquila flaca, te invito a un trago". Lo miré con cara de "¿es en serio?" mientras escribía un mensaje de texto, que hoy por hoy no recuerdo mucho que decía pero en síntesis decía que ya se acabó todo para siempre y que no me escriba porque me cuesta mucho dejar un mensaje en leído. Nunca contestó. Creo que ni lo leyó...

¡Sorpresa!, te enamoraste de un patán.
Otra vez.

martes, 4 de diciembre de 2018

No tengo tiempo

Regresaba a casa cuando dos personas se me acercaron y uno de ellos me dijo al oído que le entregue todo lo que tenía. No suelo salir con muchas cosas. Siempre uso una cartera pequeña donde pongo mi celular, el cargador, la tarjeta de crédito y algunos soles por si acaso se me antoja algo en el camino o pasa alguna emergencia. Me da miedo andar con muchas cosas porque siempre pienso que pueden robarme. Camino mirando siempre a los costados, atrás, asustada y a la espera de que alguien venga por mi. Me han robado unas veinte veces en lo que va de mi vida, entonces para mi entre menos cosas, mejor.

Sus palabras no me asustaron. Esa frase la había escuchado varias veces antes, sabía lo que seguía, así que abrí la cartera y le di mi celular sin escándalo, sin luchar contra lo evidente, sin resistencia. Eran dos contra uno, no había forma de salir vencedora, aunque la idea de correr era muy tentadora. Tomo mi celular y se fueron corriendo mientras yo retomé mi camino. Los siguientes pasos vinieron acompañados de rabia por no haber hecho nada cuando antes me hubiera peleado con quien sea y me hubiera aferrado a las cosas que tenía. Intenté seguir caminando pero comencé a temblar, por eso decidí correr lo más rápido que podía para llegar a casa y sentirme protegida. Encontré a papá en la sala viendo televisión, le dije que me habían robado, se enojó un poco porque pensó que de seguro andaba hablando por teléfono por el barrio o estaba escuchando música a todo volumen mientras volvía a casa. Yo sólo seguí recorriendo la casa, le pedí a mi hermana el celular prestado y llamé a uno de los pocos números que sé de memoria. 

- ¿Hola?
- Hola...
- ¿Quién es?
- Soy yo, Daniela.
- Ah, hola... ¿Qué paso?
- Me robaron.
- ¿Estás bien?
- Sí, sí, estoy bien. No me pasó nada, no puse resistencia. Entregué mi celular y se fueron.
- Esta bien, toma algo caliente y descansa. Ya es tarde.
- Sí... Por otro lado, te envié unos correos, no sé si los leíste. Sólo quería saber si ya me habías disculpado. De verdad que lo siento.
- No te preocupes, todo está bien.
- Está bien. Quiero que sepas que de verdad lo siento. Si tal vez un día podemos hablar de lo que sucedió...
- No tengo tiempo para eso. Ya debo colgar, cuídate mucho.
- Dale, gracias. Cuídate también.

Una conversación de cuatro minutos que cambió mi forma de ver las cosas, nuevamente. 

Me quede dormida dándole vueltas a las cosas que había hecho con el tiempo que me han regalado. Analizando cada recuerdo para validar si de verdad valió gastar ese tiempo. Pensando en la lista de cosas que antes importaban y ahora ya no. Me sorprendí con la cantidad de horas que gaste llorando, maldiciendo, sufriendo por mi suerte y decisiones, echándome la culpa, renegando de que si soy intensa, de que si estoy loca, de que si está bien ser necia y luchar por cosas por las que en realidad no se deben luchar, extrañando el pasado. Noté que vivo más en el pasado que en el presente, atesorando fotos antiguas, idealizando pequeños vídeos con fragmentos de días que aparentemente fueron perfectos y que ya no volverán porque la simple razón de que ningún día es igual al otro y las personas son temporales, van y vienen. 

Desperté de golpe en la madrugada, como me pasa cuando pienso demasiado y el insomnio se acerca para darme más tiempo para pensar, y me dije "no tengo más tiempo". Ese día decidí dejar lo pasado atrás, perdonarme por los errores, perdonar a los demás y seguir con mi propósito pero está vez sería diferente. Muchas veces dije que ya me había perdonado y al poco tiempo volvía al trompo de siempre, a los mismos errores, enredos y trampas. Sí, esta vez era diferente, ya estaba cansada de lo mismo, de las peleas, de escuchar que tengo la culpa por no madurar aún, por actuar de la única forma que aprendí a actuar, por ser como soy. Desde ese día, todo ha cambiado. Los días brillan a pesar que el sol aún no aparece del todo y hay días que sigue pareciendo que estamos en invierno. Brillan porque yo los hago brillar, porque día a día estoy aprendiendo a aceptarme como realmente soy y trabajando por mejorar lo que a mi no me gusta, porque cada hora de mi día vale la alegría porque así lo he decidido. Ya he malgastado muchos años y no me permito malgastar un minuto más. No sé si fue poco o mucho pero me tardo dos meses darme cuenta cual es mi verdadero propósito y que es lo que quiero en mi vida. Porque la frase de "ser feliz todos los días" resultaba demasiado gaseosa, necesitaba aterrizar lo que quería y como lo iba a conseguir y ahora cada una de mis acciones van alineadas a eso y no me permito hacer ninguna cosa que no empuje el propósito mayor. 

Lo siento, ya no tengo tiempo para ti.
Estoy viviendo para mi.

sábado, 6 de octubre de 2018

Mi catarsis

Es común escuchar que todo estará bien, que pronto encontrarás la luz al final del túnel, sólo tienes que tener un poco más de paciencia y buen humor. "¡Aguanta y deja ir!, ¡Deja esa mochila, suelta!". Palabras que tanto he oído y hasta repetido en los últimos meses y la verdad que me da unas ganas de gritar: ¡Cómo carajos se suelta que no tengo ni puta idea!

Sin embargo, ahora pienso que hay momentos en que no es así. En que no debes aguantar y esperar el final feliz porque nada está bien y esa forma de ver la vida sólo hace que estés medio adormecida, embriagada de positivismo, usando unos lentes equivocados que te hacen ver lo bueno hasta en lo malo, y sólo destaca eso: "lo bueno". 

Pero llega el día en que estas en casa, ves a tu alrededor y te encuentras con departamento medio vacío, con ropa tirada en el piso, una refrigeradora llena de cerveza y chocolates - como siempre soñaste - con marcas en las paredes que te recuerdan peleas que parecían no tener final y en ese momento, comienzas a ver más allá. 

Recuerdas a los que creías tus amigos que en realidad sólo eran compañeros de una noche. Recuerdas el trabajo donde te desempeñas y te das cuenta que ya no te apasiona como antes, hay factores externos que hacen que duela trabajar y tratar de sonreír al mismo tiempo. Recuerdas a la persona que dice amarte y como en los últimos meses más te ha hecho llorar que reír, como te ha despreciado porque dice que eres tonta por no ser feliz con todo lo que te da la vida. Recuerdas a la familia que no le dedicaste mucho tiempo porque por dentro estabas enojada con ellos porque siempre decían que tu eras el lado fuerte, el lado que, felizmente, no sufrió cuando la familia se rompió, enojada porque no te enseñaron como se debía amar a una hermanita menor y porque te mueres de ganas de echarles la culpa de todas los demonios que ahora no te dejan vivir en tranquilidad pero sabes que por dentro no estas enojada con ellos. Ni con los amigos, ni con el novio de turno, ni con el trabajo, ni con tu suerte. Muy en el fondo, aunque no quieras aceptarlo, sabes que estas enojada contigo y en ese momento, nada esta bien.

Estas enojada porque no te haces cargo de tu vida, porque te gusto el plan de víctima y te da mucha flojera hacerte cargo de tus errores. Patalea, llora, maldice, desahógate. Hoy. Todo está mal, todo se derrumba. Hoy. Sí, ¿y? La cagaste, ¿y?. Mañana es otro día, mañana tienes que comenzar de nuevo para que todo este bien. Tal vez mañana será todo más fácil, pero hoy todo está en la mierda y eso no es el fin del mundo, es el inicio de otra era. 

miércoles, 1 de agosto de 2018

Días buenos

"Ella iba caminando sola por la calle"

Un nuevo año y la esperanza de días mejores se asoma en forma de "primer día del año". Ella lo sintió como un inicio distinto, ya no era la misma mujer que creía en el destino y en que las cosas poco a poco se acomodan al modo en que deben ser. Ese cambio se debió a varios sube y baja de emociones, problemas absurdos y despedidas dolorosas. Entonces, ese día despertó y dejó de esperar, ya había pasado tanto tiempo y el reloj tenía prisa y ella muchos planes a medio concretar. Decidió salir en busca de los días buenos y traerlos a ella, así no quieran - sí, le gusta el drama - sabía que no sería fácil pero es una mujer de retos.

El verano siempre ha sido su estación favorita por eso fue fácil vivir con alegría. Los días de playa y risas pasaron en un abrir y cerrar de ojos, las noches con nuevos amigos y en lugares que ni planeaba conocer la hacían tener los ojos más brillantes y grandes que de costumbre. No quería perderse nada. Así, sin darse cuenta ya era abril y una nueva aventura estaba cerca.

La rutina de los sábados cambió por completo. De despertar al mediodía sin saber qué hora es pasó a escuchar la alarma sonar a las 6:30 am,. Debo contarles que sentía muchas ganas de apagarla y seguir durmiendo sin embargo al segundo sábado ya estaba enamorada de sus niños de clase y la pegajosa felicidad que todos irradiaban. Sábado a sábado aprendió a aceptar el amor gratis y a comenzar a dar amor con la misma soltura. El enseñar un valor cada sábado, la obligó a ser consecuente y actuar toda la semana de la misma manera y su vida dio un giro bonito. Ya no despertaba renegando así suene la alarma más temprano de lo que quería. Su vida comenzó a tener un verdadero sentido de existir.

Así reafirmó lo que siempre creía pero no se atrevía a aceptar: Los días buenos están a la vuelta de la esquina, sólo tienes que salir a buscarlos. Le habría encantado darse cuenta antes que lo único que realmente importa es el presente. La costumbre de vivir esperando hizo que la vida pasará sin mucho por contar, que no vaya a ese viaje, que no comience ese taller, que no se mude a otra ciudad. Pero hoy es diferente, hoy es otra mujer, es una mujer enfocada en el hoy.

lunes, 16 de abril de 2018

Ojitos brillantes


Todo se ha acomodado. Los días perdieron la incertidumbre que los caracterizaba y se dejaron iluminar por mi sonrisa. Me gusta mi sonrisa, modestia aparte. Hoy no cuesta tanto despertar de madrugada ya que era verdad que en algún momento me acostumbraría a tal punto de despertar antes que suena la alarma. Con satisfacción, le he dado la contra a la idea que sería imposible vivir de buen humor teniendo sólo seis horas de sueño y que bien se siente ir por el mundo dando la contra, hasta a mí. Tampoco cuesta esforzarse y dar el máximo todos los días. Es que es verdad que cuando entregas todo, las cosas van saliendo, la vida va fluyendo y deja de ser difícil. Cuando te das a ti mismo y dejas tu escencia en cada cosa que haces, a pesar de sentir miedo, a pesar de encontrar en el camino eventos que consideras injustos y sientes frustración, la única opción que existe es ganar. Ya sea experiencia o vivencias exitosas, pero siempre estás ganando. Aprendes lo que quieres repetir y lo que ni loca vuelves a vivir; aprendes como quieres ser y como no; aprendes a que estés donde estés, la compañía que tienes asegurada es la tuya y comienzas a proponerte ser el tipo de persona con quien vivirías todos los días sin pasarla mal. Dejas de lado a los demás para enfocarte en ti, así se acentúan los defectos y brillan las virtudes. Aceptas que eres luz y sombra y trabajas en que esa sombra sea una que de paz, como la que buscas bajo un árbol cuando el día se encuentra muy soleado.

Lo sé, no es tan fácil como suena. Al inicio estaba en un sube y baja de emociones y se sentía como si no lograría sobrevivir un día más. Siempre he creído ser, como leí en una de las obras de Benedetti (y la voy a parafrasear): "Ser una persona triste con vocación de alegre" y eso hace que le agregue tristeza a mis decisiones y a veces ronde por mi cabeza la idea que hubiera preferido quedarme “ahí” en el lugar donde no pasa nada pero con la seguridad que estaría bien, total mucha gente se conforma con vivir tranquila sin cambiar su rutina por años. Las ganas de mandar todo al demonio e huir, no sonaba tan jalada de los pelos pero soy necia y me gustan los retos. Me gusta lo difícil, sí debo aceptarlo, y gracias a eso reafirme que cuando das todo de ti, obtienes todo.

Tengo un secreto, dentro de mi corazón sigo escuchando la vocecita de una niña que contaba su mayor deseo con convicción ante una cámara con ojitos brillantes que irradiaban plena seguridad que se haría realidad. Es que ella, aunque suene increíble, es de quién obtengo mi fortaleza, es la que me recuerda quien soy cuando estoy sola en casa y después de quitarme todas las caretas, me dejo invadir por la inocencia de la niñez para que soñar vuelva a ser la actividad favorita del día. Me dejo conquistar por esa sensación de que con tan solo desearlo o creer que algo pasará, será así. Por eso, cada cierto tiempo volteo a verla jugar con rompecabezas para que me haga recordar que puedo. Ella es quién me repite que no soy de las que vivirá tranquila, yo soy de las que vivirá y sí, me equivocaré, la cagaré porque estoy bastante lejos de ser perfecta pero me acepto así. Por ratos inmadura y por otros con unos chispazos de sabiduría que ni yo me los creo cuando me releo.

Ella es quién repite una y otra vez que yo soy de las que se quedan. 

Hace un año fue la primera vez que dije eso en voz alta, me preguntaron qué significa ser “de los que se quedan” y ahora lo voy a explicar. Lo siento si me demoré tanto.

“Ser de los que se quedan es de necios, es de intensos, es de perseverantes. Es ser de los que no se van cuando los problemas parecen más grandes que la fortaleza de uno mismo, de los que no se rinden o se avergüenzan porque se equivocaron, de los que siempre dan todo porque es la única forma que conocen, de los que siguen hasta el final para ver, para entender, para aceptar, para reconstruir y muchas veces para terminar de destruir y así poder comenzar de nuevo.

Te quedas para sanar, te quedas para soltar, te quedas para recoger todo lo bonito y cuando pasen los años, mirar atrás y poder sonreír.”