jueves, 24 de septiembre de 2015

Complicándome los días: Parte 3 - Problemas

"Cada uno tiene un don, es nuestro regalo de cumpleaños número cero y nos hace únicos. Somos un mix de virtudes y defectos con un gran don. Puedo ponerme pesimista y decir que mi don es complicarme la vida. Habría podido decir que escribo bien pero no estoy segura si a alguien le gustaría leer lo que escribo, habría podido decir que tengo una habilidad con los instrumentos musicales pero no toco una canción desde hace más de 8 años, habría podido decir que soy ágil de aprendizaje pero eso sería un tanto soberbio de mi parte, no está bien visto tirarse flores uno mismo, habría podido decir cualquier cosa pero se me ocurrió ser pesimista, claramente tengo un don para eso.

Es porque justamente en estos momentos la estoy cagando y me siento celosa. No soporto la idea de que ahora compartas tu vida con otra persona mientras escucho la primera canción que me copiaste en mi reproductor. Lo ves, puedo ser cursi. Recuerdo la última vez que te besé. Fue doloroso. 

Si para algo soy extremadamente buena es para complicar las cosas. Me repito que ya no estoy para jugar a las escondidas, pero debo aceptar que aún siento el mismo morbo por las cosas prohibidas, por decidir cosas por las que luego sentiré culpa y me arrepentiré, felizmente que aún hay personas que quieren jugar conmigo pero el problema será cuando ya no quieran hacerlo. ¿Cómo te convenzo de volver a jugar?

Justo ahí, en medio del ruido del bar y mis pensamientos, lo vi. La conversación que estaba a punto de tener sólo complicaría más las cosas.”

***
Abril, 2011

- ¿Por qué aparece una chica "con novio" sola en un bar y le dice "hola" a un completo extraño? - dijo Renzo con una mirada picara.
- Que tenga novio no significa que no puedo salir sola. - Daniela trataba de mostrarse segura y ocultar los nervios que sentía por estar en esa situación.
- Vaya, señorita. ¡Me gusta!
- Sí... a mi también me gusto. - agregó Daniela, con un tono inocente.
- Vaya, vayaaaa. Resulta que además de bonita, modesta.
- ¿Siempre eres tan sarcástico? Seguro por eso no tienes amigos y estás aquí solo. - Daniela se sorprendió por lo que acababa de decir. No solía ser una persona directa, al contrario, trataba siempre de ser agradable. 

Renzo lanzó una sonrisa de complicidad que hizo sentir incómoda a Daniela. La sensación de que estaba haciendo algo prohibido estremeció su cuerpo y comenzó a cuestionarse si fue buena idea salir. Ella trató de ahogar esos pensamientos en cerveza y siguió bailando como si nada hubiera pasado. Renzo decidió hacer lo mismo, él notaba que la tensión que había entre ellos generaba incomodidad en Daniela y por alguna razón, que aún no conocía, lo último que él deseaba era que ella se vaya. 

Unas horas después, sonó el celular de Daniela.

- Bonita, ya estoy regresando a casa. Estuvo bravazo el reencuentro de promo. Tu, ¿ya estás en tu casa?
- No, amor. Sigo en el bar.
- ¿Quieres que te recoja?
- No estoy en Juanelo, vine a otro lugar que abrieron hace poquito. Ni idea como se llama.
- Ahhh, y, ¿a qué se debe ese cambio? Jaja. Bueno, no importa. ¿Quieres que vaya por ti a ese lugar misterioso?
- Jajaja, ¡sí, por favor! 

Daniela miró la hora y eran las 3:00 am. No entendía como pudo pasar el tiempo tan rápido si sólo estuvo bailando con una persona que acaba de conocer, sin decir cosa distinta a la frase "la siguiente la compro yo"; parecía que una botella de cerveza, un par de vasos y la libertad que sentían al bailar era lo único que los mantenía unidos. 

Ella buscó el nombre del bar y le envió la información a Nicolás. Se despidió lo más cordial que pudo del chico que acababa de conocer sin intercambiar teléfonos, ni nombres completos para buscarse en redes sociales. No era necesario volver a verse.

***
Julio, 2014

Cuando Daniela estaba por egresar de la universidad, la relación con Nicolás se había desgastado. Ya no veían el futuro de la misma forma. A pesar que ninguno se atrevía a decirlo, cada uno quería tomar un distinto rumbo y era momento de tomar decisiones. Decidieron alejarse un tiempo para aclarar sus sentimos y dedicarse ese tiempo a aprobar cursos pendientes y terminar la universidad. Para Daniela era muy complicado concentrarse en los trabajos finales y exámenes porque de sólo pensar que la relación se iba a terminar, le dolía por qué no sólo perdería a su enamorado si no también a su mejor amigo. Después de tantos años de relación, le parecía poco probable que pudieran mantener una amistad después de terminar y realmente amaba a Nicolás. Lo conocía desde siempre y era su lugar seguro. ¿Cómo podría vivir sin contarle su día, sin sus tradiciones, sin su sonrisa, sin los macarrones con queso que le preparaba cuando tenía hambre?.

Terminó el ciclo universitario y Nicolás decidió llamarla.
- Dani, ¿qué tal? ¿cómo te fue en la última semana de U? - se sentía un poco de tristeza en su voz.
- Bien, ha sido retador manejar los pendientes y bueno, tu sabes... sin ti.
- Sí, ha sido difícil para mi también.

Silencio incómodo, dos corazones tristes, confundidos, con ganas de muchas cosas y al mismo tiempo de ninguna. Con miedo e intentando cuidarse lo más que se pueda.

- ¿Quieres venir a casa? - dijo Dani, casi susurrando
- Prefiero que no nos veamos por ahora, tengo muchas dudas en la cabeza.
- Yo también, Nico, también tengo dudas pero te extraño. En fin, no insistiré.
- Gracias por entender. Dani, gracias de verdad. Por no presionar, por hacer esto un poco más fácil. - Daniela escuchaba mientras sentía el corazón hecho trizas, como siempre callaba lo que sentía para no incomodar, silenciaba sus gritos y escondía el dolor en el cuarto de siempre.
- Me alegra oír eso. Me llamas cuando te sienta mejor, estaré aquí para ti.

Daniela colgó el teléfono antes de que las lágrimas se asomaran, y el adiós sea tan difícil que no pueda contener la situación. Las dudas aparecieron y la tristeza quedó flotando en el aire, pesada, como una promesa rota. Quiso distraerse de esos pensamientos, así que, en un intento por dejar atrás el dolor, decidió alistarse para ir a la fiesta de fin de finales aunque no tenga ánimos para celebrar. Generalmente, ella no disfrutaba ese tipo de eventos ya que no se llevaba bien con sus demás compañeros de carrera y sólo tenía un par de buenos amigos, Andrés y Ximena, que por alguna extraña razón tampoco le gustan esas festividades. Tenían un pequeño grupo en el que creían que todos eran idiotas. Sin embargo, esa noche era necesario salir de casa para despejarse y dejar de pensar. 

Se puso un jean y un polo, nada muy rebuscado, y pidió un taxi mientras se maquillaba un poco. Llegó a la fiesta y vio a Ximena, muy guapa y coqueta con un vestido morado de flores. Ni bien la vio, ella corrió a abrazarla mientras gritaba que por fin había llegado alguien interesante a ese evento. Daniela sólo sonrió, ocultando como se sentía, e intentó adaptar su estado de ánimo al ambiente de la discoteca. 

Mientras bailaba con Ximena, giró hacía la barra y le pareció ver a alguien conocido. Se acercó un poco para ver mejor y recordó quien era. Renzo estaba ahí y verlo le hizo recordar lo que sintió con él esa noche. Esa mezcla de libertad y culpa, ese mix que la hizo sentir incómoda pero al mismo tiempo diferente. 

Él estaba tomando una cerveza mientras conversaba con el barman, y por un instante, el ruido del bar se desvaneció. Apareció el deseo de acercarse a saludarlo pero antes de que Daniela diera un paso, vio a una chica correr hacía él y saltar encima de su cuello. Pensó que seguramente era su novia y la última cosa que ella quería era complicarse el día más.

La fiesta transcurrió sin novedades, por lo que decidió irse temprano para llegar a Miraflores antes de que cerraran Juanelo. Mientras subía las escaleras, el recuerdo de Nicolás apareció como un fantasma pero no permitiría que ese pensamiento la atrapara. 

- Esta noche es para mí - se dijo, tratando de animarse. Aunque la nostalgia siempre encuentre la manera de colarse entre las luces del lugar.

- ¡Hola preciosa! Tanto tiempo sin verte, ¿te vas tan temprano? - la sorprendió la voz de Renzo.
- Ah, hola. Ando un poco aburrida - respondió, intentando ocultar la sorpresa de verlo.
- Que falta de confianza, yo puedo ayudarte a divertirte. Claro, sólo si quieres.
- Te repito lo mismo que hace años: Tengo novio. - dijo, pero su voz tembló ligeramente. La seguridad que intentaba proyectar se desvanecía cuando se sumergía en la mirada de Renzo.
- ¿Qué haces nuevamente sola, sin tu novio? Empiezo a creer que ese novio tuyo es imaginario - Dijo Renzo, riendo.
- No tengo porque darte explicaciones. ¿Puedes darme permiso? - con una mezcla de irritación y algo más.
- Vaya, vayaaaa. Entonces al bonita y a lo modesta, le tengo que agregar que tienes un carácter que podría volverme loco. - Renzo se acercó a Daniela y ella comenzó a sentir su corazón latir.

La cara de desconcierto de Daniela era imposible de disimular. La confusión la envolvía. El primer impulso que tuvo al verlo fue acercarse a Renzo y una parte de ella sólo se resistía porque cuestionaba si esa conexión era un acto de traición hacia Nicolás

- Bueno, ¿me das permiso? Mi taxi ya está esperando a fuera. 
- ¿Dónde vas? - preguntó él, de manera encantadora.
- No es asunto tuyo.- respondió, con un tono cortante. Sin embargo, su mirada no estaba en consonancia con el tono de sus palabras.
- Vamos, ¿dónde vas? - Renzo se acercó aún más, haciéndola sentir incómoda en las estrechas escaleras y al mismo tiempo ella sentía a su corazón latir con más fuerza. De pronto, se asomó la idea de que le gustaría que se acerqué un poco más y eso la aterrorizo.
- Voy a Miraflores pero.. prefiero ir sola. - Sentía miedo de como podría terminar esa noche si se iban juntos a otro lugar.

Renzo sonrió, pero ella tenía una postura que proyectaba que no iba a ceder.

- Ya tuve suficiente por hoy. De verdad que no estoy en un buen momento - el tono cortante se volvió triste.

- Tal vez puedas enseñarme tu bar favorito y contarme por qué te gusta tanto - La actitud de Renzo también cambió. Se alejó de ella, sus ojos irradiaban preocupación e interés genuino. 

Daniela dejó de sentir que era un desafío para él. El cambio de actitud la sorprendió. Seguía sintiendo deseos divididos. Quería rechazarlo pero también anhelaba escapar de la realidad que la asfixiaba, preguntándose si él podría ofrecerle ese alivio que tanto necesitaba. 

Finalmente, cedió.

- Está bien, vamos - dijo, tratando de mantener la voz firme, aunque su corazón latía más rápido de lo que le gustaría admitir.

No dijeron ninguna palabra hasta que llegaron al bar. Compraron un par de cervezas mientras charlaban de temas superfluos. Cuando Daniela le dijo que debía irse, Renzo se ofreció a llevarla. Ella pensó que era inapropiado sin embargo eran pasadas las 5 am y no se sentía bien. Había sido una noche larga en que tomó más de la cuenta y sin darse cuenta, también se divirtió más de lo esperado. Llegaron a su casa, los dos se bajaron del taxi y Renzo le pidió su número.

- ¿Será posible vernos alguna vez en un lugar que no sea un bar?
- No te daré mi número. No confundas las cosas. Sólo somos dos extraños que comparten una cerveza en un bar. Ah, y ahora un par de taxis. - respondió, sintiendo que, a pesar de sus palabras, una parte de ella también quería más.

Daniela se despidió y entró a su casa dejando atrás el bar y a Renzo. Mientras se preparaba para dormir, los pensamientos de Nicolás volvieron a su mente. Sin embargo, la sensación de libertad que había experimentado con Renzo iluminaba su mente, desafiaba la tristeza y abría un camino con nuevas posibilidades.

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sábado, 12 de septiembre de 2015

¿Quieres un consejo?

Acomoda tu corona y sonríe.

A veces las cosas no son como te gustarían o como eran antes te gustaban más pero se complicaron y ahora lo que te hacía feliz, te hace enojar o llorar o gritar o volverte una versión de ti que no es la que pensabas que eras. Acomoda tu corona y sonríe, que el mundo seguirá girando quieras o no.  

sábado, 18 de julio de 2015

Bien

Salí de trabajar y maneje lo más rápido posible hacía su departamento. Habíamos pedido la cena por delivery para celebrar una semana de éxitos. Era martes y desde hace varios meses cualquier excusa era perfecta para abrir una botella de vino, luego decir que no podía manejar con más de una copa en la sangre y, por consecuencia, quedarme a dormir. Cuando llegue, subir los 8 pisos por el ascensor se me hicieron los 49 segundos más largos del día, sólo quería llegar y lanzarme encima. Me sentía feliz y buscaba compartir esa felicidad. Abrí la puerta y estaba el jugando Guitar Hero 3 acompañado de una cerveza y una bolsa de cheetos. La idea de que habían muchas probabilidad de que sea el único chico que jugaba ese juego y encima le gustaba, me encantaba; era mi chico y no podía ser más perfecto. Espere que termine la canción y me tire en el sofá, nos besamos lo que dura otra canción del juego y lo primero que dije al parar fue "yo quiero ser la guitarra". Estuvimos jugando hasta que llego nuestra cena, caminé hacía la cocina, abrí la primera botella que encontré y derrochando felicidad le dije "salud porque somos el equipo perfecto".  

Y sí que lo éramos. Tal vez no congeniábamos en todo pero buscábamos lo mismo y eso para mi era mucho mejor a que sea el bailarín de la noche o cuente los mejores chistes. Esas características siempre se las he dejado para mis amigos, no para ÉL. 

Y sí, tal vez el es ÉL.

Gracias por dejarme

El día que me dejó, sin protocolos, sin explicaciones, sin mirarme a los ojos, sin dejarme escuchar su voz diciendo "Cuídate, sé feliz. Lo que busco, no lo encontraré contigo al lado.", las buenas noticias de la semana perdieron importancia. Caminé hacía el parque donde siempre iba cuando peleábamos y necesitaba estar sola. Me senté en la banca más apartada y casi oculta por la sombra de un árbol mientras buscaba en el teléfono algún número que al contestar me diga que todo estaría bien y saldría de esta como antes lo había hecho. Nadie contestaba, seguramente porque eran las 11 de la mañana y todos se encuentran trabajando a esa hora o aparentando trabajar. Me sentía desesperada cuando de pronto entró su llamada. No la esperaba. Sólo me llama los fines de semana a menos que tenga ganas de salir a celebrar que es lunes o martes. Conteste y pregunté, sin saludar, si estaba ocupada ya que necesitaba una llamada mucho más larga de las que teníamos a menudo. No esperé que responda y comencé a contarle lo que acababa de pasar, a pesar que aún me parecía que estaba alucinando o me encontraba dentro de una pesadilla. Estábamos bien, teníamos algunos problemas y a veces yo era quién agrandaba los problemas - Rayos, ¿por qué tendré un genio tan de mierda? -pero estaba cambiando, lo intentaba dia a día con todo mi ser para que funcione. Deseaba tanto que seamos felices juntos de nuevo que no esperaba la sarta de tonterías que me dijo por Whatsapp, no entendía porque me colgaba el teléfono, porque me eliminaba de su vida así por así. Terminé de contar mi indignación con algunas lágrimas en el rostro y sólo dijo: "Te está haciendo un favor".

- ¿Me está haciendo un favor? Hace un par de días me dieron la mejor noticia del año y en pocos días tendré dos eventos muy importantes y tu sólo me dices que me hace un favor. ¿Qué tipo de favor es este? Hacerme sentir una mierda, arruinar mi felicidad, dejarme justo ahora que es la única persona con quién en realidad quiero ir a tomar un trago y brindar por los éxitos. ¿Por qué? porque soy tan mierda que no merezco ser completamente feliz. No lo entiendo, ¿Un after office para olvidar todo esto?
- Nos vemos más tarde, sabes que siempre estaré cuando quieras despejarte o tomar. Más para tomar que para despejarte, haces mucho drama chola (risas).

Regrese a mi cubículo con sus palabras dando vueltas en mi cabeza, no entendía. No, este no podía ser un favor, era una especie de venganza por el odio infinito que siente él hacía mi y al verme sonriendo de nuevo, siendo feliz sin fingir debía arruinarme por algún lado. ¿Tanto odio? Sí, de seguro me lo merecía por ser como soy y él y su infinita obsesión hacía mi lo hacía seguir a mi lado, por capricho y no por amor.

***

Han pasado varias lunas desde ese día, hasta he perdido la cuenta y la razón de porqué comencé a contar. Sin embargo, lo que sí estoy completamente segura y puedo decirte ahora es: ¡Gracias! Gracias por dejarme, gracias por desatar el enfermizo nudo que nos mantuvo unidos por tantos años. Gracias por hacerme abrir los ojos y darme cuenta que no eres la persona con quién quiero compartir mi vida. Gracias por demostrarme que no me amas. Gracias por hacerme recuperar mis amigos, mi sonrisa, mis ganas de seguir luchando y bailar hasta que se parta en dos el mundo. Gracias por hacer que me de cuenta que me convertí en una versión de mi que no quiero ser. Gracias por obligarme a olvidar un futuro juntos, a tirar por la ventana nuestros sueños y planes. Gracias por ayudarme a ser más fuerte. Gracias por hacerme entender que debo valorarme más y estar con alguien que me valore igual. Gracias por sacar tus garras y demostrar  que estaba malgastando el tiempo contigo. Gracias a ti, hoy me siento feliz y tranquila conmigo, y puedo decirte que me hiciste un favor al dejarme ir.

viernes, 1 de mayo de 2015

Sin redes

Hace más de dos meses que aprendo día a día a vivir sin escribir una publicación o tomar una foto de "buenos días" o hacer un tweet sobre mi reporte del tráfico; y me he dado cuenta que muchos de mis cyber-amigos, esos que escriben casi todo el día en redes, se alejaron cuando no fue tan fácil encontrarme. Una grata sorpresa fue recibir llamadas de personas, algunas de las cuales no imaginaba que seguían mis publicaciones, preguntando si todo estaba bien e insistiendo que debía regresar para "alegrarles el día" (lo pongo entre comillas porque soy un poco incrédula).

Estos días han servido para ver las cosas de manera distinta. Logré entender que es mejor mantener una conversación mirando a los ojos al receptor sin estar pendiente si el celular vibra o sin que alguna notificación te desconcentre, sin tener que mirar hacía abajo y al final iniciar una conversación con personas que no están en la sala. Sinceramente, por algo no están, ¿no creen?. Entendí que no existe mejor foto que la tomada con nuestros ojos y que los atardeceres son para vivirlos, no para postearlos en Facebook. Me di cuenta que no necesitas una publicación describiendo lo especial que eres y el gran cariño que te tienen cuando pueden ir a visitarte a casa con la excusa de gorrearte algunas cervezas, o invitarlas, y así demostrar lo valioso que es pasar tiempo a tu lado. Porque para lograr una gran cena no es un requisito indispensable tomar una foto del plato que estas por comer, si no mirar el rostro de la persona con quien compartes ese plato. Comprendí que las mejores sonrisas las regalas en espontáneo y la más divertidas visitas no son las que haces check in porque te sientes tan genial que el tiempo se pasa más rápido de lo normal y ya no recuerdas que debes buscar en el explorador la ubicación de donde te encuentras. Por último, entendí que la belleza no se mide por la cantidad de likes que tienes en una foto o por la lista de comentarios repitiendo lo "linda que estás".

Ahora prefiero una llamada que a un mensaje con muchos corazones, prefiero ver las muecas raras de cada uno que mirar hacía una pantalla y me gusta esperar a que me cuentes tu día en vez de saberlo porque lo posteas para todo el cibermundo. Porque la felicidad no fue creada para ser publicada, si no tienes que vivirla.

viernes, 24 de abril de 2015

Jueves

Me miro y dijo "¿esa no era tu canción?". Lo único que quería era retroceder el tiempo o dejar de ser tan yo y decir cualquier huevada. Sin embargo, como nunca me quedo callada, dije que si, que era mi canción y tenga cuidado de involucrarse mucho conmigo porque hace mucho que no tomo a nadie en serio. 

"Ya lo he intentado contigo dos veces, no tienes nada que advertirme. Me armas y deasarmas como ninguna otra y aún así sigo aquí dándote el poder de destruirme, otra vez. No pongamosle etiquetas pero sabes que sigues siendo mi chica, la que da vueltas en mi cabeza y huye de mi cuando siente que voy a decir que te amo."

viernes, 27 de marzo de 2015

Un manual de cambios

Desearía que algunas cosas no hubieran cambiado. Por ejemplo, que mi vecina deje de hacer marcianos de maracuyá o que el señor de la panadería decida olvidarse la receta del pan karioka o quedarme sin 40 centímetros de cabello o que mi línea favorita de buses cambie su ruta y ahora deba utilizar varios buses para ir al mismo destino o que me cambien al profesor en el último ciclo de la universidad cuando lo único que quería es que se acabe ya y no me jodan más o que el chef de mi restaurante favorito renuncie y abra su propio negocio a más de 12 kilómetros de casa o que ya no seamos un pack, donde tu eres la hamburguesa y yo las papas fritas, o que mi bar favorito elimine la promoción de 2 cervezas por 10 soles. 

Quizás debería comenzar a entender lo fugaces que son los momentos para disfrutar al máximo el día a día y comer un sándwich de pollo deshilachado como si fuera el último que comeré, sin importar si engorda o no. Debo comprender que muchas de las cosas que hoy están, es probable que mañana ya no. Mañana sólo me quedará la nostalgia de lo que fue, pondré mi típica cara de tonta que dice sin palabras lo triste que me siento y tal vez, sólo en algunos casos, una lágrima se asomará a alguno de mis ojos y diré: "que bonito era todo antes", sin importar si poco antes me haya burlado de mi poca suerte de conseguir bonitos momentos.

No debimos crecer. Deberíamos seguir jugando play en mi mueble por horas y horas, cuando lo único importante era pasar el siguiente nivel y subir el volumen al máximo para dejarnos llevar por el feeling del juego. Deberíamos seguir con todas nuestras tradiciones, como la de almorzar arroz chaufa todos los sábados saliendo de la universidad, yo de pollo y tu de chancho, o de dormir juntos los viernes mientras intentamos acabar por enésima vez esa película que nos hace reír los primeros 15 minutos, de que te tarde 2 horas llegar a mi casa y quieras perder esas horas de tu día con tal de verme, de que quieras verme sonreír día y noche, de que quieras verme, sólo verme. Debí poder quedarme en ese trabajo y no haber tenido 6 distintos, debió mi hermana dejar de crecer hace mucho tiempo y seguir siendo una niña que sólo me llenaba de abrazos y dulces con la poca propina que recibía. Debería seguir siendo amiga de la chica con quien compartía carpeta todos los días en el colegio y seguir comiendo un Bebe de chicha como solía hacer. Debería seguir teniendo tardes en que toques la guitarra mientras yo canto o me quede dormida mientras te escucho cantar. Deberían volver los cigarros en el parque de la vuelta, combinado con risas y chismes. Debería volver a salir a bailar, volver a hacerlo encima de una mesa o en el piso del pasillo de paredes negras. Debería volver a sentir que no tengo la obligación de besarte cuando estamos juntos si no que quiero hacerlo. 

¿Debería dejar de decir cosas que "debería"?