sábado, 12 de septiembre de 2015

¿Quieres un consejo?

Acomoda tu corona y sonríe.

A veces las cosas no son como te gustarían o como eran antes te gustaban más pero se complicaron y ahora lo que te hacía feliz, te hace enojar o llorar o gritar o volverte una versión de ti que no es la que pensabas que eras. Acomoda tu corona y sonríe, que el mundo seguirá girando quieras o no.  

sábado, 18 de julio de 2015

Bien

Salí de trabajar y maneje lo más rápido posible hacía su departamento. Habíamos pedido la cena por delivery para celebrar una semana de éxitos. Era martes y desde hace varios meses cualquier excusa era perfecta para abrir una botella de vino, luego decir que no podía manejar con más de una copa en la sangre y, por consecuencia, quedarme a dormir. Cuando llegue, subir los 8 pisos por el ascensor se me hicieron los 49 segundos más largos del día, sólo quería llegar y lanzarme encima. Me sentía feliz y buscaba compartir esa felicidad. Abrí la puerta y estaba el jugando Guitar Hero 3 acompañado de una cerveza y una bolsa de cheetos. La idea de que habían muchas probabilidad de que sea el único chico que jugaba ese juego y encima le gustaba, me encantaba; era mi chico y no podía ser más perfecto. Espere que termine la canción y me tire en el sofá, nos besamos lo que dura otra canción del juego y lo primero que dije al parar fue "yo quiero ser la guitarra". Estuvimos jugando hasta que llego nuestra cena, caminé hacía la cocina, abrí la primera botella que encontré y derrochando felicidad le dije "salud porque somos el equipo perfecto".  

Y sí que lo éramos. Tal vez no congeniábamos en todo pero buscábamos lo mismo y eso para mi era mucho mejor a que sea el bailarín de la noche o cuente los mejores chistes. Esas características siempre se las he dejado para mis amigos, no para ÉL. 

Y sí, tal vez el es ÉL.

Gracias por dejarme

El día que me dejó, sin protocolos, sin explicaciones, sin mirarme a los ojos, sin dejarme escuchar su voz diciendo "Cuídate, sé feliz. Lo que busco, no lo encontraré contigo al lado.", las buenas noticias de la semana perdieron importancia. Caminé hacía el parque donde siempre iba cuando peleábamos y necesitaba estar sola. Me senté en la banca más apartada y casi oculta por la sombra de un árbol mientras buscaba en el teléfono algún número que al contestar me diga que todo estaría bien y saldría de esta como antes lo había hecho. Nadie contestaba, seguramente porque eran las 11 de la mañana y todos se encuentran trabajando a esa hora o aparentando trabajar. Me sentía desesperada cuando de pronto entró su llamada. No la esperaba. Sólo me llama los fines de semana a menos que tenga ganas de salir a celebrar que es lunes o martes. Conteste y pregunté, sin saludar, si estaba ocupada ya que necesitaba una llamada mucho más larga de las que teníamos a menudo. No esperé que responda y comencé a contarle lo que acababa de pasar, a pesar que aún me parecía que estaba alucinando o me encontraba dentro de una pesadilla. Estábamos bien, teníamos algunos problemas y a veces yo era quién agrandaba los problemas - Rayos, ¿por qué tendré un genio tan de mierda? -pero estaba cambiando, lo intentaba dia a día con todo mi ser para que funcione. Deseaba tanto que seamos felices juntos de nuevo que no esperaba la sarta de tonterías que me dijo por Whatsapp, no entendía porque me colgaba el teléfono, porque me eliminaba de su vida así por así. Terminé de contar mi indignación con algunas lágrimas en el rostro y sólo dijo: "Te está haciendo un favor".

- ¿Me está haciendo un favor? Hace un par de días me dieron la mejor noticia del año y en pocos días tendré dos eventos muy importantes y tu sólo me dices que me hace un favor. ¿Qué tipo de favor es este? Hacerme sentir una mierda, arruinar mi felicidad, dejarme justo ahora que es la única persona con quién en realidad quiero ir a tomar un trago y brindar por los éxitos. ¿Por qué? porque soy tan mierda que no merezco ser completamente feliz. No lo entiendo, ¿Un after office para olvidar todo esto?
- Nos vemos más tarde, sabes que siempre estaré cuando quieras despejarte o tomar. Más para tomar que para despejarte, haces mucho drama chola (risas).

Regrese a mi cubículo con sus palabras dando vueltas en mi cabeza, no entendía. No, este no podía ser un favor, era una especie de venganza por el odio infinito que siente él hacía mi y al verme sonriendo de nuevo, siendo feliz sin fingir debía arruinarme por algún lado. ¿Tanto odio? Sí, de seguro me lo merecía por ser como soy y él y su infinita obsesión hacía mi lo hacía seguir a mi lado, por capricho y no por amor.

***

Han pasado varias lunas desde ese día, hasta he perdido la cuenta y la razón de porqué comencé a contar. Sin embargo, lo que sí estoy completamente segura y puedo decirte ahora es: ¡Gracias! Gracias por dejarme, gracias por desatar el enfermizo nudo que nos mantuvo unidos por tantos años. Gracias por hacerme abrir los ojos y darme cuenta que no eres la persona con quién quiero compartir mi vida. Gracias por demostrarme que no me amas. Gracias por hacerme recuperar mis amigos, mi sonrisa, mis ganas de seguir luchando y bailar hasta que se parta en dos el mundo. Gracias por hacer que me de cuenta que me convertí en una versión de mi que no quiero ser. Gracias por obligarme a olvidar un futuro juntos, a tirar por la ventana nuestros sueños y planes. Gracias por ayudarme a ser más fuerte. Gracias por hacerme entender que debo valorarme más y estar con alguien que me valore igual. Gracias por sacar tus garras y demostrar  que estaba malgastando el tiempo contigo. Gracias a ti, hoy me siento feliz y tranquila conmigo, y puedo decirte que me hiciste un favor al dejarme ir.

viernes, 1 de mayo de 2015

Sin redes

Hace más de dos meses que aprendo día a día a vivir sin escribir una publicación o tomar una foto de "buenos días" o hacer un tweet sobre mi reporte del tráfico; y me he dado cuenta que muchos de mis cyber-amigos, esos que escriben casi todo el día en redes, se alejaron cuando no fue tan fácil encontrarme. Una grata sorpresa fue recibir llamadas de personas, algunas de las cuales no imaginaba que seguían mis publicaciones, preguntando si todo estaba bien e insistiendo que debía regresar para "alegrarles el día" (lo pongo entre comillas porque soy un poco incrédula).

Estos días han servido para ver las cosas de manera distinta. Logré entender que es mejor mantener una conversación mirando a los ojos al receptor sin estar pendiente si el celular vibra o sin que alguna notificación te desconcentre, sin tener que mirar hacía abajo y al final iniciar una conversación con personas que no están en la sala. Sinceramente, por algo no están, ¿no creen?. Entendí que no existe mejor foto que la tomada con nuestros ojos y que los atardeceres son para vivirlos, no para postearlos en Facebook. Me di cuenta que no necesitas una publicación describiendo lo especial que eres y el gran cariño que te tienen cuando pueden ir a visitarte a casa con la excusa de gorrearte algunas cervezas, o invitarlas, y así demostrar lo valioso que es pasar tiempo a tu lado. Porque para lograr una gran cena no es un requisito indispensable tomar una foto del plato que estas por comer, si no mirar el rostro de la persona con quien compartes ese plato. Comprendí que las mejores sonrisas las regalas en espontáneo y la más divertidas visitas no son las que haces check in porque te sientes tan genial que el tiempo se pasa más rápido de lo normal y ya no recuerdas que debes buscar en el explorador la ubicación de donde te encuentras. Por último, entendí que la belleza no se mide por la cantidad de likes que tienes en una foto o por la lista de comentarios repitiendo lo "linda que estás".

Ahora prefiero una llamada que a un mensaje con muchos corazones, prefiero ver las muecas raras de cada uno que mirar hacía una pantalla y me gusta esperar a que me cuentes tu día en vez de saberlo porque lo posteas para todo el cibermundo. Porque la felicidad no fue creada para ser publicada, si no tienes que vivirla.

viernes, 24 de abril de 2015

Jueves

Me miro y dijo "¿esa no era tu canción?". Lo único que quería era retroceder el tiempo o dejar de ser tan yo y decir cualquier huevada. Sin embargo, como nunca me quedo callada, dije que si, que era mi canción y tenga cuidado de involucrarse mucho conmigo porque hace mucho que no tomo a nadie en serio. 

"Ya lo he intentado contigo dos veces, no tienes nada que advertirme. Me armas y deasarmas como ninguna otra y aún así sigo aquí dándote el poder de destruirme, otra vez. No pongamosle etiquetas pero sabes que sigues siendo mi chica, la que da vueltas en mi cabeza y huye de mi cuando siente que voy a decir que te amo."

viernes, 27 de marzo de 2015

Un manual de cambios

Desearía que algunas cosas no hubieran cambiado. Por ejemplo, que mi vecina deje de hacer marcianos de maracuyá o que el señor de la panadería decida olvidarse la receta del pan karioka o quedarme sin 40 centímetros de cabello o que mi línea favorita de buses cambie su ruta y ahora deba utilizar varios buses para ir al mismo destino o que me cambien al profesor en el último ciclo de la universidad cuando lo único que quería es que se acabe ya y no me jodan más o que el chef de mi restaurante favorito renuncie y abra su propio negocio a más de 12 kilómetros de casa o que ya no seamos un pack, donde tu eres la hamburguesa y yo las papas fritas, o que mi bar favorito elimine la promoción de 2 cervezas por 10 soles. 

Quizás debería comenzar a entender lo fugaces que son los momentos para disfrutar al máximo el día a día y comer un sándwich de pollo deshilachado como si fuera el último que comeré, sin importar si engorda o no. Debo comprender que muchas de las cosas que hoy están, es probable que mañana ya no. Mañana sólo me quedará la nostalgia de lo que fue, pondré mi típica cara de tonta que dice sin palabras lo triste que me siento y tal vez, sólo en algunos casos, una lágrima se asomará a alguno de mis ojos y diré: "que bonito era todo antes", sin importar si poco antes me haya burlado de mi poca suerte de conseguir bonitos momentos.

No debimos crecer. Deberíamos seguir jugando play en mi mueble por horas y horas, cuando lo único importante era pasar el siguiente nivel y subir el volumen al máximo para dejarnos llevar por el feeling del juego. Deberíamos seguir con todas nuestras tradiciones, como la de almorzar arroz chaufa todos los sábados saliendo de la universidad, yo de pollo y tu de chancho, o de dormir juntos los viernes mientras intentamos acabar por enésima vez esa película que nos hace reír los primeros 15 minutos, de que te tarde 2 horas llegar a mi casa y quieras perder esas horas de tu día con tal de verme, de que quieras verme sonreír día y noche, de que quieras verme, sólo verme. Debí poder quedarme en ese trabajo y no haber tenido 6 distintos, debió mi hermana dejar de crecer hace mucho tiempo y seguir siendo una niña que sólo me llenaba de abrazos y dulces con la poca propina que recibía. Debería seguir siendo amiga de la chica con quien compartía carpeta todos los días en el colegio y seguir comiendo un Bebe de chicha como solía hacer. Debería seguir teniendo tardes en que toques la guitarra mientras yo canto o me quede dormida mientras te escucho cantar. Deberían volver los cigarros en el parque de la vuelta, combinado con risas y chismes. Debería volver a salir a bailar, volver a hacerlo encima de una mesa o en el piso del pasillo de paredes negras. Debería volver a sentir que no tengo la obligación de besarte cuando estamos juntos si no que quiero hacerlo. 

¿Debería dejar de decir cosas que "debería"?

miércoles, 18 de marzo de 2015

Apagón

Otro apagón en el barrio y esta vez si le iba a pedir a mama que me deje salir a jugar a las escondidas con los demás. Nunca entendía porque debía llegar siempre a las 08:00 pm, a veces pensaba que era porque teníamos que cenar todos juntos y tener nuestro momento del día en familia, pero cuando me encontraba sola en la mesa era cuando iniciaban mis dudas. De esas que siempre dan vueltas en mi cabeza y muy pocas veces las repito con voz. Sin embargo, siempre concluía que era sólo por molestar y porque sabían que era la más fácil de controlar ya que mi hermana desde muy pequeña siempre regreso a casa a la hora que se le hacía más fácil. No se si fue porque mis papas andaban cansados de hacer criado a una hija o fue el carácter indomable de mi hermana que ganaba sobre las reglas. En ese momento no tenía tiempo para inventar excusas, sólo sabía que eran las 08:30 pm, ya habíamos cenado y estaba vez le pediría a mama para salir a jugar a las escondidas. Pero, ¿como lo haría? Insistir nunca funcionaba y menos poner voz de niña tonta y engreída. Necesitaba una forma de poder salir a jugar, no importaba si no se daban cuenta, ya mañana era otro día. 
Cuando de pronto se me ocurrió la mejor idea...

- Mamá, ¿jugamos a las escondidas?