"Hay personas que en vez de amarte, te enseñan a quererte a ti mismo.
Y creo que es lo mejor que te puede pasar."
Mario Benedetti
Estábamos abrazados, pero sentía nostalgia en el ambiente, como si supiera que, eventualmente, esta historia tendría un final. No todas las personas llegan para quedarse. Algunas llegan, te remueven el piso y se van.
Era mi momento favorito del día. Ese que se da entre las 6:00 pm y 6:30 pm, cuando el sunset ya terminó pero la ciudad aún no está del todo oscura.
Desde su cama podía ver lo infinito del mar y un cielo pintado de tonos entre rojizo y morado. Era un sueño despertar ahí. Encontrarme con sus ojos marrones, pararme a preparar una taza de café caliente y saborear el final de la tarde desde el piso dieciocho.
Me maravillaba la inmensidad del horizonte a media luz. Sí… era exactamente eso que alguna vez imaginé. Y como todos los sueños, en algún momento toca despertar. En ese preciso momento era cuando todo se volvía un poco difuso.
¿Realmente tengo que despertar? ¿Siempre se han ido o... yo he escogido a los que se van?
***
—Si algo he aprendido es que al amor se entra dispuesto a perder —dijo Daniela, con un tono firme que apenas disimulaba su timidez.
—Ya veo… te despertaste profunda —respondió Gonzalo, rodeando su cintura con un aire juguetón—. Y yo perdí desde que me metiste en la lista de los que te caen mal.
—Si yo no estuviera en tu futuro… ¿me extrañarías?
Daniela no estaba para juegos, y con su pregunta el silencio se instaló entre los dos.
—Claro que te extrañaría…
Hizo una pausa, mirándola fijamente.
—No sé… siento que contigo es distinto.
—¿Distinto cómo?
—No sé explicarlo bien — Gonzalo sonrió apenas y con cierta inocencia continuó —. Siento que te he estado buscando sin saberlo...
Daniela bajó la mirada por un segundo. Ese cosquilleo incómodo volvió al pecho. Esa sensación de final antes de tiempo.
—¿Qué extrañarías de mí?
—Extrañaría despertarme contigo y escuchar alguna de tus preguntas raras un domingo en la tarde.
—Gonzalo… te estoy preguntando de verdad.
—Lo sé.
Hizo otra pausa.
—Extrañaría la forma en la que ves el mundo. La forma en la que haces que todo se sienta fácil… incluso lo difícil.
Daniela sonrió. Hoy sí, pensó. Hoy no voy a arruinarlo... los miedos pueden esperar un poco más.
Se acercó lentamente.
—Gonzalo…
Y lo besó.
Sus manos recorrieron su cuerpo con familiaridad, como quien conoce a la perfección el camino. Afuera, la ciudad terminaba de oscurecer. Entre ellos, el fuego volvía a encenderse, lento, constante… como si nunca se hubiera ido del todo. Y por un momento, Daniela dejó de pensar en el final.
No hay comentarios:
Publicar un comentario